Mi amigo Dahmer (My Friend Dahmer) - Marc Meyers, 2017


Como parte de un reciente e insólito interés por la mente asesina, My Friend Dahmer es un nuevo intento por llevar la vida del Carnicero de Milwakee a la pantalla, solo que, por primera vez, se hace desde una perspectiva arriesgada, casi desafiante. No hay sangre, no hay muertes violentas; el horror solo está en la lenta transformación de un muchacho atormentado, obligado a adoptar comportamientos ajenos a su naturaleza para poder encajar. Como es típico de la sociedad norteamericana para con sus jóvenes, Jeff Dahmer es empujado a «ser alguien», a pertenecer en contra de su voluntad, mientras su entorno familiar se desmorona y sus compañeros de escuela lo usan y lo desechan a su gusto. ¿Hubiera podido Dahmer salvarse de su macabro destino? Es difícil saberlo. Aquí se nos presenta a un monstruo como una víctima legítima de su pequeño universo, aunque algunas de sus conductas y extraños intereses perfilaban ya a un futuro asesino.


Basada en la novela gráfica de su compañero de secundaria, el dibujante Derf Backderf, y filmada en la misma casa donde Dahmer vivió, esta adaptación se centra exclusivamente en aquel año final de la escuela, conduciéndonos paso a paso a los acontecimientos que empujaron a Jeffrey Dahmer a querer matar. Ross Lynch, rostro conocido de Disney, da un giro tremendo a su carrera, ofreciendo una interpretación escalofriante y majestuosa, la de una mente adolescente perturbada, víctima de un entorno ingrato que, casi inconscientemente, solo alimentaba sus secretas obsesiones. Su admirable trabajo sostiene, casi por entero, una película que podría haber flaqueado al ser, más que una cinta de suspenso, un relato dramático y hasta emotivo sobre una bestia en ciernes. Quizás My Friend Dahmer no alimente la sed de sangre que muchos de los espectadores y conocedores de los actos de Dahmer tengan, pero sí ofrece un cálido, perturbador y preciso retrato del origen de un monstruo, que incomoda no solo por victimizarlo sino por hacernos sentir lástima por él.

—Mauro Vargas

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