ALVARO VANEGAS: «Necesitamos asustarnos de lo imposible, imaginar otras atrocidades, otras realidades»


Dos años después de su novela de zombis Virus, Alvaro Vanegas nos cuenta sobre sus nuevos proyectos de terror, la reedición de sus obras y las sorpresas que se vienen a futuro.

Por Mauro Vargas.

Hace dos años Alvaro Vanegas infestaba a Bogotá con sus muertos vivientes. Hablamos con él para esas fechas previas a su novela Virus, en una entrevista rápida, escueta, dejando como deuda una conversación mucho más cómoda sobre su obra. Y como si de una macabra coincidencia se tratara, en una tarde plomiza y anegada con las inclementes lluvias capitalinas, nos hemos vuelto a reunir con él a propósito del regreso de sus zombis en una continuación y reedición esperada por sus lectores y aquellos seguidores de los zombis.

Han sido dos años que se han pasado volando, pero no en vano. Virus fue recibido con entusiasmo y se ha posicionado como una propuesta novedosa dentro del horror nacional. Y, mientras tanto, Alvaro Vanegas no ha parado de trabajar.

«En estos dos años estuve escribiendo muchas cosas. No podía detenerme», explica el autor. «Escribí una serie web y empecé a trabajar en varias películas, y mientras tanto escribía... Durante este tiempo tuve trabajo de adulto en una agencia de publicidad como copy, luego fui community manager, en fin. Pese a que he estado contaminado por cuestiones ajenas a la literatura, ha sido un periodo de mucho aprendizaje». Mientras tanto, la continuación de su historia zombi estaba acercándose. El tiempo, como siempre, es implacable. «Resulta que la entrega de Virus 2 se me vino encima. Yo tenía una fecha límite en el contrato y, debo confesarlo, tenía flojera de solo pensar en el asunto, pero luego me dije “¡esto hay que escribirlo ya!”. Y así lo hice. Llevaba tanto tiempo pensando en que debía escribir la novela que la terminé en tiempo récord: en dos meses y en el computador de la oficina. Mientras escribía Virus 2 tenía que estar huyendo del gerente, porque si se daba cuenta de que yo estaba trabajando en otra cosa... para el tipo eso era tenaz. Además, aparte de la novela, debía cumplir con todas las obligaciones que yo tenía en la agencia de publicidad. Increíblemente, dos meses después, terminé Virus 2 para luego revisar el contrato y darme cuenta de que me quedaba un mes más para entregar el libro (ríe). Pero bueno, ya lo había escrito, que era lo fundamental. Y así lo envié a la editorial, en una primera versión. Yo ni siquiera estaba seguro de que esa historia fuera buena. Entonces se presentaron ciertas vicisitudes y el libro se quedó quieto. Fue un periodo en el que vomité rabias porque estaba muy frustrado de no poder seguir publicando sabiendo que ya había arrancado, que es lo más difícil. Pero llegó Calixta Editores y me ofreció reeditar todos mis libros y el lanzamiento de Virus 2».

Virus, la primera entrega, relata el advenimiento del apocalipsis, el momento justo cuando estalla. Se desarrolla a lo largo de tres días desenfrenados y finaliza un año después del estallido de la infección. En esta primera entrega, los científicos están intentando lograr que las sinapsis cerebrales sean más rápidas para poder crear seres humanos más inteligentes. Pero la situación se sale de control, las sinapsis se revolucionan tanto que la gente está furiosa, ya infectada por el virus URB-08 —una referencia al expresidente Álvaro Uribe Vélez—. Se puede contagiar con la mordida, pero el virus está en el aire, así que funciona como una gripa. Puede que tengas a tu lado a alguien con gripa y ni te contagias. Pero si te coge con las defensas bajas, el virus se apodera de tu cuerpo. Así que, en esta historia, cualquier persona es un infectado potencial. Puede estar bien una semana y al siguiente día ser un zombi. Solo existe pequeña parte de la población que resulta inmune; son ellos los protagonistas de la continuación.

Virus 2 se sitúa un año después de ese final, es decir, tres años después de que iniciara todo el horror. «Lo que hice aquí fue contar una historia distópica», dice Alvaro Vanegas. «Es un mundo repleto de zombis donde hay unos merodeadores que son como los paramilitares, un grupo de idiotas que se unen para pelear contra las criaturas, pero se convierte en una mafia horrible que solo se dedica a joder a los pocos humanos sobrevivientes. Además, los zombis de este universo tienen una característica especial y es que no son lentos. Son veloces como los de Exterminio, pero iguales de idiotas a los lentos, solo que poco a poco van adquiriendo conciencia de sí mismos, se van organizando y se empiezan a comunicar entre ellos. Tres años después, este grupo de zombis, de monstruos, es una amenaza impresionante porque es muy organizado. Y sumado a eso, tiene un final de lo más raro y místico que he llegado a imaginar y escribir. En fin, todo fue un proceso interesante porque estuvo repleto de descubrimientos».

Y es que, en el ejercicio de posicionar una literatura fantástica nacional, todo se trata de aprender y descubrir. En Colombia, la literatura de terror está intentando volver a la vida. Varias obras y autores se han esforzado por establecer parámetros, crear mitos y generar maneras propias de estremecer, debatiéndose entre la enorme tradición venida de otros países y la autenticidad de un género que se abre su espacio paulatinamente. Mitos en este país hay muchos, leyendas y demás historias de la imaginería popular, pero a veces, al enfrentarnos a monstruos de la cultura popular como los zombis, el ejercicio se vuelve más difícil, especialmente por la escasez de referentes.

«A mí me encantan las historias de zombis, las buenas, porque hay mucha basura», explica Vanegas. «Ellos me parecen seres fascinantes, la manera en la que, con todas sus taras, su piel colgante y ojos salidos de las cuencas, hacen una sátira tan fuerte de lo que somos como sociedad, como raza, como especie. Me parecen muy interesantes. Quería escribir sobre ellos y antes de empezar Virus leí dos historias de zombis escritas en Colombia. Y sentí que a ambas les faltó. Uno de ellos me parece muy buen libro, pero es en clave cónica como Guerra mundial Z, de Max Brooks, en donde un sujeto cuenta la historia del apocalipsis zombi cual periodista. Va de un país a otro, pero no hay una historia lineal ni un personaje con el que uno se pueda identificar. Lo que sucede está muy bien descrito, pero es un periodista contando pequeñas historias del caos, entonces se siente algo impersonal. Es una forma de escribir válida, por supuesto, pero yo soy más de historias en las que me pueda sentir identificado con alguien por el que realmente pueda sentir empatía y que me importe si se muere o con el que sufra si lo van a morder. El otro libro, aunque intenta contar una historia mucho más íntima (también sucede en Bogotá), no me gusta, pues demuestra desconocimiento de lo que somos los colombianos. Colombia no es solo estrato cinco y seis. Sentía que el autor no se conectaba ni comprometía. Entonces yo me dije que escribiría una historia de zombis como me gustaría que se escribiera en Colombia».


Hay una pregunta inevitable que surge cuando se abordan estos géneros y tipo de relatos: ¿cómo adaptar historias que son tan ajenas a lo latinoamericano, a lo colombiano? ¿Cómo ajustarlas y hacerlas verosímiles? Alvaro Vanegas tiene clara la respuesta a estas preguntas.

«A mí me parece que no hay que adaptarlas. Yo no vengo a hacer el esfuerzo de adaptar. Yo soy colombiano, lo que me sale se siente colombiano. Por eso mis personajes no se llaman Mike, Paul, Lindsey. No, no, no, mis personajes se llaman Iván, Jimena, Martina, Camila. Empezando por eso uno ya puede sentir que estas cuestiones son conocidas o podrían ser reconocidas. Además, lo que narro en Virus sucede en Transmilenio, en Suba, en un edificio de cinco pisos de un conjunto residencial, en el barrio Santa Fe, en la Avenida Circunvalar; sucede acá y los personajes hablan como hablamos nosotros. Con la primera entrega de Virus, que fue mucho más pensada, más cerebral, intenté que hubiera mucho más equilibrio entre acción y reflexión, además de una galería de personajes bien definidos. Virus 2, en cambio, fue mucho más visceral. Y pese a que hay más acción, también es mucho más profunda. Habla de lo que nos sucede a nosotros como individuos y a estos merodeadores imbéciles que son tan malos como el cáncer. Y los zombis, pese a que no son seres míticos colombianos, nos gustan y los eventos que narro, en realidad, pueden llegar a suceder».

Sin duda, cada día nos acercamos más a un apocalipsis zombi, una posibilidad avalada, incluso, por la ciencia. Pero también es cierto que no necesitamos que haya una pandemia para vernos convertidos en entes errabundos, despojados de voluntad y solo guiados por un apetito incontenible. George Romero, desde hace décadas, estableció ciertas analogías entre sus muertos vivientes y nuestros impulsos consumistas, hijos de un capitalismo desenfrenado característico de Norteamérica. Y eso lleva a pensar qué tanto de colombianos podrían tener los zombis de Alvaro Vanegas. ¿Representan también nuestra naturaleza latinoamericana?

«Por supuesto», responde el autor, convencido de su propuesta. «Hay elementos que un colombiano podrá interpretar y entender. El solo nombre del virus, URB-08, sumado a los comportamientos de los zombis, son una clara alusión al político en cuestión y al automatismo y ceguera de muchos de sus seguidores. Hay también zombis específicos que aparecen a lo largo de la historia, muy propios de nuestra idiosincrasia. Está el tipo que vende BonIce, el testigo de Jehová que reparte La Atalaya, el típico policía inútil, el guardia de seguridad, la vecina chismosa... sí, hay unas referencias a lo que somos como colombianos que, igualmente, van a poder entender en países vecinos como Ecuador o Venezuela. Pero en caso de que no entiendan esas referencias, la historia sí podrá ser entendida a la perfección. Eso es lo que me parece importante, que no sea excesivamente local, pero sí auténtico y universal. Que no sea como una de las doscientas historias de zombis que escriben los españoles y tampoco que sea un relato tan gringo, sino que se sienta colombiano».

¿Y qué tan fácil es asustarnos en un país azotado por el terror de la violencia? A veces parece fútil querer imaginar monstruos luego de padecer tantos horrores reales.

«Eso me parece mierda», afirma categóricamente. «Nosotros necesitamos de verdad con qué asustarnos. A nosotros ya no nos impacta nada. Todo lo vemos con naturalidad. Escuchamos que han matado a veinte campesinos y ¿qué hacemos nosotros? Seguimos almorzando con indiferencia. Por eso necesitamos del horror, de historias como El conjuro o It, que convocó a un millón de espectadores —yo la vi cuatro veces, no lo podía creer—. Necesitamos asustarnos de lo imposible, imaginar otras atrocidades, otras realidades. El terror y la fantasía son vías de escape que necesitamos».

Adquirir una voz, un sello, una identidad, es un trabajo de tiempo, de mucho esfuerzo. Los métodos que tiene cada autor para enfrentar la escritura son tan particulares como su propia percepción de la literatura, pero todas con un elemento en común: la disciplina. Al preguntarle sobre su método de trabajo, Alvaro Vanegas no puede mostrarse más orgulloso.

«Además de que procuro escribir todos los días, tengo el don de hacerlo muy rápido», afirma moviendo velozmente sus dedos sobre un teclado imaginario. «El guion del cortometraje que acabé de grabar —que también dirigí— lo escribí en cuarenta minutos. Es que ya tenía la historia. Lo más difícil del proceso es tener la historia en la cabeza, lo demás es pura labor de secretario: uno simplemente transcribe lo que está en la cabeza, como un dictado. Claro, esa velocidad se logra tratándose de un guion tan corto, de cinco, siete páginas. Con la novela es distinto. Generalmente tengo una idea previa de cómo terminará. Virus 2 lo escribí en dos meses, de manera intermitente, dos horas diarias de lunes a viernes, intercalando las labores del trabajo. Hay escritores que con solo la premisa se sientan a escribir a ver qué sucede. Yo no puedo. Cuando empiezo a escribir sin saber qué sucederá, me siento como caminando en la oscuridad. No tengo idea para dónde voy. En cambio, si tengo claro el final, que de pronto puede cambiar un poco, por lo menos sé para dónde voy, así dé vueltas a lo largo del laberíntico trayecto. Debo siempre tener claro el objetivo, o si no quién sabe en dónde pueda terminar».

Pero Alvaro Vanegas no solo escribe para el papel. Desde hace un tiempo viene publicando semanalmente, en su perfil de Facebook, una serie de microcuentos que han sido bien recibidos por sus lectores. Escribir microficción no es una tarea fácil, mucho menos si se hace de manera tan regular. Pensar en poca extensión puede producir dolores en más de un escritor, pero Alvaro, semana tras semana, ofrece una historia distinta en breves líneas, haciendo parecer fácil una tarea a la que muchos autores le huyen. ¿Cómo alguien decide meterse en una tarea de esta envergadura?

«Una amiga me dijo una vez que por qué no escribía algo semanal para mis lectores y yo le dije que haría los jueves de microcuentos. La primera vez publiqué el texto sin problemas, luego advertí que tendría que hacerlo cada semana. Y siempre se me olvida. Yo me levanto cada jueves y me acuerdo de repente. Me pregunto “¿qué hago?” Hay algo muy cierto: la creatividad es un músculo, y como todo el tiempo estoy en función de crear historias, siempre se me están ocurriendo ideas. Cuando me acuerdo el mismo jueves de que debo publicar un microcuento, me quedo pensando, me baño, voy al gimnasio y de un momento a otro aparece. Le doy vueltas media hora, como para estructurarlo, y luego me siento a escribirlo. No sé de dónde vienen. Es un proceso creativo que no entiendo del todo y en realidad no quiero entender porque hacerlo le quitaría el misticismo. No sé cómo sucede. A veces anoto las ideas. Siempre tengo una libreta. Escribo sobre todo ideas para los guiones. Me ha pasado que se me ocurren grandes ideas para un libro o pequeñas escenas para incluirlas en alguna historia —por ejemplo, para la historia que quiero escribir a continuación llamada Mesías—, no lo anoto y luego se me olvida».


Es imposible no dejar de preguntar sobre esa historia llamada Mesías que posiblemente venga a continuación.

«Escribí dos capítulos, pero la dejé quieta porque la historia es bien compleja», dice Vanegas. «Es una historia que he querido escribir desde antes de Virus. Trata de Jesús regresando a la tierra, en una calle de la ciudad, negro, con rastas y desnudo como en Terminator. En cuanto llega, se le olvida su misión y queda a la deriva, ayudado solamente por un vendedor de dulces. Me gusta mucho esa idea, pero es que quiero escribir antes una historia vampírica, y no he comenzado porque quiero que sea un chupasangre totalmente distinto. Sí, será un ser de la noche, oscuro, con todos sus elementos tradicionales intactos, pero estará también lleno de conflictos colombianos. Claramente debo apartarme suficiente de las influencias. Uno es un colchón de retazos. La voz de uno es, en realidad, la unión de muchas voces. Para enfrentar esa historia tendría que apartarme del Drácula de Bram Stoker y Salem’s Lot de Stephen King, para que no se vaya a sentir igual. Es una tarea que sé que lograré».

¿Es, acaso, un modo de evitar los clichés? Alvaro Vanegas no tiene una percepción tan negativa de los lugares comunes. Dice, más bien, que muchos de ellos son necesarios.

«Hay que ver lo que pasó con estos zombis», explica. «Hice algunas variaciones en su naturaleza. No mueren específicamente con un tiro en la cabeza, sino de otras maneras. Y la gente los empieza a llamar zombis, siendo consiente de que la palabra es medio hollywoodesca, en un intento de hacer sátira de la misma historia. Los clichés con clichés porque funcionan. Yo no me pongo a evitarlos, sino que los uso efectivamente. No quiero decir que la historia esté repleta de clichés, claro que no, pero tiene algunos y se burla de sí misma, como una manera de decirle al lector avezado y recalcitrante: “Yo sé lo que estoy haciendo, esto es un cliché y lo estoy haciendo a propósito”».

Afortunadamente, los lectores ideales de estos géneros son más amables y entienden las dinámicas de un género que está intentando adquirir una identidad propia. Alvaro Vanegas sabe que se debe a sus lectores, en su gran mayoría jóvenes, y que en sus manos reposa el éxito de lograr establecer una literatura fantástica nacional sólida y duradera.

«Siempre trato de homenajear a mi lector», dice Vanegas. «No son miles, pero sí sé de muchos que siguen mi carrera, que han leído todos mis libros, que leen cada microcuento que publico en Facebook, que están pendientes de cada obra de teatro que escribo para ir a verla, que están atentos a cuándo sale la serie web. Y lo que estamos preparando con Calixta Editores es una forma de hacer un homenaje al lector constante, además de atraer a más lectores».

Por supuesto, Calixta Editores, la nueva cada de este autor, es parte fundamental de esta desafiante tarea para con la literatura fantástica nacional. Al indagar sobre las sorpresas que se preparan con la editorial, no podemos dejar de emocionarnos.

«Como a mí no me gustan tanto las sagas, decidimos juntar Virus y Virus 2 en un solo volumen para así alcanzar a más lectores, sin relegar a aquellos que nunca leyeron la primera edición de Virus». Calixta ya ha promocionado dos volúmenes diferentes con diseño exclusivo para que adquieran el que más les guste. Pero la cosa no para ahí, porque también se prepara la reedición de toda la obra previa del autor.

«En la nueva edición de No todo lo que brilla es sangre vendrá como obsequio la colección de cuentos Despertares atroces, que estuvo para descarga gratuita en la anterior editorial. Yo sé que lo descargaron siete mil personas, pero ¿cuántos lo leyeron? Muy pocos, creo yo», dice Vanegas entre risas. «Asimismo, Mal paga el Diablo, una novela que todavía se sigue vendiendo —no sé qué tiene esa novela que tanto atrae a la gente—, será publicada en una edición de lujo. Está revisada, le arreglamos varios detalles de redacción, agregamos un final alterno —el primer final que tuvo— y un epílogo que la editorial anterior erradicó. Vendrá gratis, además, una novela corta titulada Virginia, adaptada de un guion que escribí hace un tiempo, todo esto en tapas duras».

Resta solo esperar a que lleguen todas estas sorpresas. Si la máquina no se detiene, podremos estar construyendo un camino ideal para la literatura de terror local. Por ahora, hemos de disfrutar de Virus en su nueva y completa edición gracias a Calixta Editores. El horror nos espera.


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