RESEÑA: Vestida para matar (Dressed to Kill) - Brian De Palma, 1980


En la fiebre slasher que comenzó a finales de los setenta con Halloween y que se prolongó con efervescencia durante los ochenta, entre un montón de películas que buscaban sacar provecho de la propuesta de John Carpenter, y entre un grupo pequeño que destaca entre esa oleada de historias sobre asesinos, nació Dressed to Kill. Brian De Palma se subió al bus del terror en 1980 con este thriller, más heredero de la tradición del giallo italiano que de las digeribles hijas de Viernes 13. Escrito y dirigido por el mítico director, la historia es una investigación informal alrededor del de una extraña mujer rubia ataviada con gabardina y lentes oscuros armada con una navaja. Liz Blake, una joven prostituta, es asediada por la asesina al ser la única testigo de uno de sus crímenes. Lo que nadie sabe es que el asesino está muy cerca de ellas, irreconocible, insospechado. Por supuesto, la revelación de la identidad de la homicida es insólita y escandalosa.

Con este filme, Brian De Palma inaugura una serie de temas que estarán presentes en sus obras futuras y más personales. Dressed to Kill es un homenaje explícito a Psicosis de Alfred Hitchcock, pero con una revisión fresca y ajustada a los ochentas, una especie de nueva versión vista bajo el ojo provocador y voyerista de De Palma. Desnudos, desórdenes mentales y una buena dosis de mal gusto son los componentes esenciales de esta maravillosa historia de suspenso. Sumado a ello, la espectacular banda sonora de Pino Donnagio y un manejo de cámara soberbio en las escenas de persecución. De Palma demuestra cuál es el verdadero lenguaje del cine, haciendo que las imágenes prescindan de las palabras para comunicar más allá de lo evidente. Dressed to Kill es una película inteligente y llena de intriga. Sin duda, de las mejores obras de aquella década de asesinos maniáticos.

Mauro Vargas



Comentarios

  1. Uyyy, de esta creo que paso, el slasher no me gusta mucho.
    Besos.

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