RESEÑA: Doble de cuerpo (Body Double) - Brian De Palma, 1984


Brian de Palma ha filmado el homenaje definitivo a mucho de lo que define el lado más atractivo y vistoso de los años ochenta. El cine de terror de bajo presupuesto, así como la industria del porno, ambos invadiendo los anaqueles de las desaparecidas tiendas de video; el neón, el lujo y la belleza del mal gusto; sumado a eso, la obsesión del director con los desnudos femeninos y el voyerismo. Son todos estos elementos los que hacen de Body Double una cita obligatoria para los nostálgicos.


Jake Scully es un actor de poca monta al que despiden de una película en la que interpreta a un vampiro sexual y muy glam, pues claustrofobia le impide grabar las escenas dentro del féretro. Sumado a eso, encuentra a su mujer con otro en la cama. Sin trabajo y sin casa —pues la dueña de la vivienda era su pareja—, decide, en un movimiento desesperado, aceptar el trabajo de cuidar el lujoso loft de un actor durante algunos días. Allí descubre el sensual espectáculo que su vecina monta cada noche; Jake, a la misma hora, a través de un telescopio, observa su número dancístico y masturbatorio. Pero también descubre que alguien quiere asesinarla. Obsesionado con esta mujer, decide entrometerse, sin saber que su posición de testigo silencioso cambiará a implicado en un posible crimen.

Body Double es un thriller maravilloso y sagaz, uno de los mejores homenajes a La ventana indiscreta (The Rear Window, 1954) y Vertigo (1958) —manifestando la admiración de De Palma hacia el maestro del suspenso—, pero con el sello sensacionalista, explícito y voyeur que caracteriza las películas escritas por De Palma. La película podría sostenerse fácilmente por su lograda y nostálgica estética, pero es que, además, resulta ser un adictivo e impredecible relato de suspenso, lleno de emocionantes giros y secuencias. Es, además, una película dentro de la película; nos permite ingresar a ese mundillo medio underground del cine norteamericano, ese universo de celuloide que Brian de Palma pretende homenajear, evocando esa mística que hoy en día se extraña sobremanera. Body Double es el capricho que se da el director luego de ofrecerle a la industria y al mundo un clásico imperecedero como Scarface (1983). Libre de ataduras y compromisos, rompe tabús, no teme volver a la violencia (acusada por algunos como misoginia), al terror, a la serie B, y decide apostar el dinero de los grandes estudios a una cinta que, aunque fracasó en taquilla, sigue viva en el imaginario de los amantes del género que han sabido valorarla.


—Mauro Vargas.

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