RESEÑA: ESO (IT) - Andy Muschietti, 2017


La nueva It supone un regreso a los deliciosos miedos de la infancia. Y el resultado es, en términos generales, correcto.

Pese a los malos presagios ante la enorme sombra inmortal de su versión televisiva, el nuevo Pennywise es adecuado para el tono sombrío y ominoso de este Derry que se tapa los oídos y los ojos ante el horror que yace en sus entrañas. Los cambios respecto a la novela son acertados, economizan en la contextualización de aspectos vitales de los personajes y la historia para dar paso a otros elementos que se abordan por primera vez. La calidad en la dirección es impecable. Andy Muschietti se toma con seriedad su trabajo y hace olvidar, por momentos, la colorida y televisiva miniserie.

La película es lo que es gracias a sus personajes entrañables. La nueva Beverly Marsh que nos propone Sophia Lillis, valiente, aguerrida, madura y un tanto rebelde —que hace ver al resto de perdedores como meros pubertos— refresca la concepción del personaje femenino en el grupo. Ben Hanscom resulta querible desde su primera aparición, gracias a la maravillosa interpretación de Jeremy Ray Taylor. Desde el inicio deja entrever la complejidad de los sentimientos que guarda en su interior y reafirma la preponderancia que tiene este gordito en el grupo. Su presencia reclama la atención del espectador, incluso, sobre la del proclamado líder Bill Denbrough, que aquí no se esfuerzan por vendérnoslo como el «Gran Bill» de la novela, sino como un héroe imperfecto y vulnerable, escudado en una leve mezquindad y alimentado por la sed de venganza que lo empuja a combatir al monstruo y, de paso, arrastra a sus amigos a una pelea, en buena medida, ajena. Bill siempre me pareció un héroe que no merecía tanta admiración, pero es eso mismo lo que lo humaniza, alejándolo de todo estereotipo, y aquello resulta positivo. Richie se roba el show —pese a que Finn Wolfhard se ha inmortalizado como el líder de la pandilla en Stranger Things— y se hace ganar las risas del público. Su desparpajo no debe envidiarle nada al simpático Richie Tozier de Seth Green. Stan Uris, lastimosamente, pasa desapercibido. Su sicorigidez, su incapacidad para aceptar lo sobrenatural, esa intrigante complejidad de su mente es apenas presentada con leves pincelazos. Mike Hanlon, el último de la fila como en la novela, es casi anecdótico. Ojalá en su parte adulta se le brinde el protagonismo que se gana con los años.


Si se ve con atención, Pennywise lleva al límite sentimientos críticos que tienen su origen en los núcleos familiares de cada miembro del Club de los Perdedores. Quizás es allí donde nace su valentía: en sus casas hay peores traumas, peores monstruos. Es destacable que veamos la intimidad de la obsesiva relación del asustadizo y sintomático Eddie Kaspbrak con su madre. Sin embargo, se lamenta que no se explorara la fría y distante relación de Bill Denbrough con sus padres tras la nefasta muerte de Georgie, y que no se ahondara más en la difícil situación de violencia de Beverly con su padre (algo que hubiera contrastado favorablemente frente a la rebeldía incipiente de la niña). Por otro lado, resulta muy interesante y divertido el tratamiento del despertar sexual de los Perdedores. La presencia de Beverly en el grupo —y su notable desarrollo corporal— añade picardía a la cotidianidad del grupo, así como su protagonismo en el triángulo amoroso entre ella, Bill y Ben, sin duda una de las mejores cosas que tiene esta nueva entrega. Aquí se demuestra la importancia del humor y el amor en medio de una pesadilla peligrosa como la que enfrentan estos chicos; prueba lo cercanos que son estos sentimientos aparentemente opuestos. Esta mezcla de emociones duras y blandas te deja respirar, te vuelve vulnerable para luego sacudirte con el horror. El balance es total, casi perfecto. Creo que la película se sostiene, en gran medida, gracias a los niños, cuyo trabajo es impecable, asombroso. Si solo se dejara el terror, la cinta se hundiría irremediablemente (sin desmeritar el acertado trabajo de Bill Skarsgård, apropiado para el tono de esta nueva entrega).

Pese a todo, aunque la película funciona (viendo las reacciones del público, es indiscutible), puede que algunos momentos álgidos no sacudan como deberían hacerlo. Aunque es reprochable que las escenas aterradoras de Pennywise con cada niño están muy pegadas, casi superpuestas, y no dan respiro al espectador, no hay que culpar a la película del todo. Más bien vale la pena sentenciar con vehemencia el intermimable bombardeo de avances y adelantos que pulularon por la internet. Cada tráiler, cada gift y cada foto filtrada mostraban los jumpscares que la película ofrece, por lo que, casi siempre, logras adivinar dónde aparecerá el siguiente golpe de miedo. Y eso es horrible. Es tan nefasto como que te revelen el final de un libro. Una lástima. Por mi parte, envidio a quienes fueron al teatro sin antecedentes de ninguna clase (incluso sin leer el libro o haber visto la miniserie).


La banda sonora deja mucho que desear. A excepción de dos temas atractivos, es estruendosa, excesivamente brillante, con ese incesante chirriar de los violines. Lo que hizo Richard Bellis para la miniserie no se ve superado, ni por asomo, por esta nueva musicalización que suena como cualquier otra banda sonora efectista de El conjuro. Es un sonido del montón, sin personalidad, sin riesgo, sin nada.

El final de esta primera entrega es muy atractivo narrativa y visualmente. Mucho más aterrizado, lógico y sobrio. Supera al imaginado por Stephen King. Bebe más de la minserie que de la novela misma (hay que decirlo, lo que escribió King como cierre para cada etapa es un despropósito a veces patético, imposible de trasladar a la pantalla, cosa de la cual la miniserie es víctima). Siento, no obstante, que hay una excesiva confianza en su continuación. Puede que el espectador incauto no lo haya notado (cosa que está bien), pero me fue inevitable no sentir vacíos argumentales a lo largo de la historia. Sé que se adquirirán sentido con la segunda parte, pero también siento que es un descuido dejar esas preguntas abiertas, por más primera entrega que sea. Cada película debería ser una pieza redondita y sólida. El final, sin embargo, anuncia lo que está por venir sin que se vea excesivamente abierto.

En conclusión, esta primera parte de It invita a estar pendiente de lo que viene. Es una película acertada, bien ajustada a las necesidades actuales, y que respeta con dignidad y dentro de sus posibilidades a la obra literaria. Su peso y trascendencia con el paso de los años solo el tiempo lo dirá.

—Mauro Vargas


Comentarios

  1. Como siempre, amigo y colega bloguero Mauro, es un gusto leerte y más al contrastar tu punto de vista con el mio, de esta cinta recientemente vista por ambos. La verdad es que en mi caso me gustó por completo, así como también sucede con el libro en el que se basa. Incluso me agrado su banda sonora (que hasta la descargué de internet). Ya escribí y subí mi propio post al respecto.

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  2. Estoy deseando verla, pero de momento he decidido esperar a que esté la segunda parte y releer también el libro, la pregunta es si aguantaré tanto tiempo XD
    Besos.

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    Respuestas
    1. Hasta 2019... ¡eso es valor! Sin duda la experiencia será diferente.

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