martes, 8 de agosto de 2017

RESEÑA: Stranger Things (Temporada 1) - The Duffers Brothers, 2016


El éxito de Stranger Things no tiene discusión. Matt y Ross Duffer escribieron un documento que prometía volverse clásico inmediato y que ha hecho valer tal aseveración hasta el momento. No era de extrañar que sucediera: desde antes de ver la luz, esta serie prometía ser un viaje al pasado, específicamente a una época en la que se inmortalizó una parte muy importante de la industria del entretenimiento en todos los ámbitos posibles. La audiencia ya estaba cosechada: generaciones de adultos nostálgicos y nuevas generaciones de gustos anacrónicos (como a la que pertenezco). Entonces aparecieron una serie de críticas que acusaban a la serie de ser una cortina de humo, que escondía la puerilidad de la historia en una rocambolesca serie de homenajes cinematográficos y una estética vintage, que no era más que un pastiche de los grandes relatos con olor a Stephen King y Steven Spielberg. Pero es que Stranger Things se propone ser eso, precisamente. Nunca nos prometieron lo contrario.

Este relato de ocho capítulos no es novedoso, no es altamente original, y está plagado de lugares comunes, tanto en los personajes como en los escenarios y situaciones. Pero son ese tipo de lugares comunes en los que nos sentimos como en casa. Con todos los ingredientes necesarios, mezclados balanceadamente, Stranger Things está construido correctamente. Los niños son memorables, ese entrañable grupo de nerds que recuerda a «El club de los perdedores» de It o a la pandilla de Los Goonies. Es bueno ver de vuelta a Winona Ryder en una gran producción del género fantástico del que nunca estuvo lejos. Y bueno, la enorme cantidad de detalles que uno puede pescar a lo largo de la temporada, desde apellidos que referencian a los directores insignia de los ochenta, hasta los productos de las tiendas y las canciones que se oyen en cada episodio.


Es claro que sin todo el decorado ochentero la historia hubiera pasado sin pena ni gloria por las pantallas. Pero pienso que cuando cuentas algo, el objetivo primordial es generar estímulos, emocionar, crear sensaciones, y Stranger Things, con los mecanismos a los que deba echar mano, cumple satisfactoriamente. Diseccionarla, despojarla de sus ropajes, es un ejercicio innecesario; supone buscar el error con sevicia. Esta serie es un paquete completo bien pensado. Además, los hermanos Duffer tienen un estilo para escribir que no puede darle la espalda a la influencia que destila por sus poros. Ellos escribieron las dos temporadas de Wayward Pines —producida por M. Night Shyamalan y protagonizada por Matt Dillon—, un proyecto basado en la trilogía homónima de Blake Crouch (quien declaró que la escribió en homenaje a Twin Peaks), y es inevitable no sentir, especialmente en la primera temporada, que es una historia que sabe a La dimensión desconocida y a algo salido de la mente de Stephen King.

Renovada para una segunda temporada —y con un elenco que está creciendo de prisa—, Stranger Things promete ofrecernos más aventura, más nostalgia, más horror, más ciencia ficción, más neón, más videojuegos, más amistad y mucho más entretenimiento de calidad.

—Mauro Vargas


1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo :-) La disfruté mucho y estoy deseando ver la nueva temporada :-)

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