sábado, 12 de agosto de 2017

RESEÑA: Los niños del maíz (Children of the Corn) - Fritz Kiersch, 1984


Siempre es agradable volver a los clásicos.

Children of the Corn está tan enraizada en la memoria de por lo menos tres generaciones que sería un insulto desglosar toda la película, pero aquí va algo breve: Gatlin, Nebraska, es un pueblo muerto. Un culto religioso de niños vive allí. Una pareja desprevenida llega al pueblo. Se desata la cacería.

La historia original no daba para tanto, pero George Goldsmith (guionista) supo hacerla durar hora y media dentro de sus posibilidades. La cinta no solo mantiene el concepto original, sino que sabe acomodarse al tono y el tipo de historias de aquella década. La soledad del pueblo y carreteras de la región es palpable; es un entorno desasosegante. Pese a que la explicación del origen del culto puede tambalear si se medita un poco, es aterrador y plausible. Aquel no es más que una representación extrema del fanatismo religioso que se profesa en el conjunto de estados mayoritariamente agrícolas, bautizados como «cinturón bíblico». Nebraska no es considerado uno de ellos, pero está ubicado muy cerca.


No hay duda de que el papel de John Franklin es destacable como Isaac, el infante y vehemente pastor de aquel rebaño. Cada una de sus intervenciones está llena de efusividad y autenticidad (hay que tener en cuenta que era mayor que sus compañeros de culto. Tenía veinticico años en ese momento). Asimismo, Courtney Gains inmortaliza a Malachi como un villano despiadado en la memoria de los fanáticos. Y no podemos obviar a una joven Linda Hamilton en la víspera de su gran papel como Sarah Connor.

¿Es el culto producto de la histeria colectiva o en realidad existe una deidad llamada «El que camina detrás de la fila»? La película —al igual que el relato—, peca, al final, de tomar partido, cayendo en razones más fantásticas y un tanto ridículas. Al darle vida propia al maizal y afirmar que una entidad lo habita, muestra más de lo que debería y arruina la intriga que se ha venido construyendo a lo largo del metraje. No obstante, Children of the Corn es muy entretenida. Vale destacar la música de Jonathan Elías, que no hace más que potenciar la desolación, la insania y la amenaza que se cierne sobre este pueblito perdido entre maizales inconmensurables.

Los lectores fieles de Stephen King pueden decir lo que quieran, pero yo defiendo esta película no solo como una gran adaptación, sino como un ejercicio que supera a la historia original.

—Mauro Vargas

5 comentarios:

  1. El relato de KING produce dos cosas: o deja conforme como está, o nos parece demasiado corto para tan buena historia. La película mezcla estas dos opciones y hace un gran trabajo, aunque como el relato de King: el final debió ser mejor.

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  2. En esta opinión no coincidimos. Me parece una mala adaptación, y el final me mató... Me gustó mucho el del relato y ver el de la peli...
    Eso sí, Isaac está genial :-)
    Besos.

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  3. Yo adoro esta cinta y la vi por primera vez siendo un adolescente, cuando estaba descubriendo a Stephen King en sus adaptaciones para el cine. Nunca ha dejado de gustarme y encuentro que ha envejecido muy bien. Tengo el gusto de poseer su banda sonora, que la descargué gracias a las maravillas de Internet.
    Hay un "dollarbabie" llamado "Discípulos del Cuervo", más o menos de esta época y que lo encuentro notable (más encima lo vi en pantalla grande, en un festival de cine de terror).
    También encontré buena la secuela y de igual manera el remake de hace algunos años atrás.

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    1. Ese cortometraje es muy interesante. Da escalofríos.

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