RESEÑA: Luna maldita (Bad Moon) - Eric Red, 1996


Es difícil contar una historia con un hombre lobo a bordo. Siempre he creído que de todas las criaturas, esta bestia peluda es la más difícil de ajustar al cine contemporáneo. Bad Moon le apuesta a la sencillez y ha logrado posicionarse, con el tiempo, como una de las mejores cintas de su especie.

Ted, infectado al ser mordido por un hombre lobo en la jungla, vuelve a su tierra para vivir en un remolque estacionado en la parte trasera de la casa de su hermana, quien vive con su hijo y su pastor alemán llamado Thor. En las noches, Ted sale presuntamente a trotar, pero en realidad permanece oculto en el bosque, encadenado, soportando su transformación bajo la luna llena. Solo Thor comienza a sospechar de su maligna naturaleza. Es el perro el que descubre la verdad, quien intenta advertir a sus amos del secreto que esconde Ted y quien, finalmente, debe salvar a su familia.


La película es austera en todo sentido y funciona maravillosamente. Se basa en una novela titulada Thor, escrita por Wayne Smith, narrada siempre desde el punto de vista del perro. El desafío narrativo es enorme, pero Eric Red, guionista y director, quien no carece de experiencia en el género, hace todo lo posible por darle el protagonismo suficiente al pastor alemán. Nos encariñamos con él, nos preocupamos, lo comprendemos y lo alentamos para que combata a la criatura que asecha en el bosque. Thor, quien se gana el corazón del espectador, sostiene una rivalidad con Ted increíblemente verosímil: un humano y un perro intercambiando miradas desafiantes, disputándose el territorio y la manada. La cinta se debate con inteligencia entre la ternura que genera el pastor alemán y el suplicio de Ted al intentar controlar su naturaleza maldita, un drama que finalmente se curva hacia una villanía irremediable.

Bad Moon se sostiene en el suspenso sin desmedirse, sin dejarse tentar por el horror gratuito y violento que puede propiciar la presencia de un hombre lobo —la apertura de la película parece prometer un festín de sangre gratuito, pero gracias a Dios se reivindica al terminar los créditos iniciales—. Eric Red sabe orquestar una historia que tiene sangre, suspenso y ternura en dosis bien aplicadas. Efectos especiales acertados, un diseño del hombre lobo agradablemente artesanal, aderezado con recursos digitales propicios para la época, y un perro entrañable. Esta película lo tiene todo. 


Mauro Vargas

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