miércoles, 5 de julio de 2017

RESEÑA: Jugando a matar (Dolly Dearest) - Maria Lease, 1991


Después del tremendo éxito de la franquicia de Child’s Play, que para inicios de los años noventa nos ofrecía su tercera entrega, no demoró mucho para que salieran «copias» de toda índole. Dolly Dearest es, claramente, un subproducto de ese las historias de muñecos asesinos. Maria Lease —una de las pocas directoras que incursionaron en el género ese año— reconoció la influencia de Chucky, pero también defendió su historia destacando los pequeños detalles que la alejaban del muñeco diabólico más famoso del mundo.

Una familia norteamericana se muda a México para ponerse al frente de la fabricación de las Dolly Dearest. La fábrica, convenientemente, está al lado de una excavación arqueológica en la que abren una bóveda maldita de una antigua y malvada tribu indígena. Las fuerzas allí contenidas durante siglos se liberan y, claro, poseen a las muñecas. Y la hija menor de la familia, quien tiene una de estas Dolly, comienza a comportarse de manera extraña. La muñeca, por otro lado, cobra vida. Lo demás es historia.

Maria Lease, también escritora de la película, intentó distanciarse poniendo uno que otro elemento nuevo. Son varias las muñecas poseídas, y la influencia de estas energías malignas afectan también a la niña, que no quiere despegarse de su querida muñeca. Pero nada de esto es suficiente para hacer de Dolly Dearest una película relevante. En un intento por mantenerse en el suspenso más depurado, carece de ritmo y de una cuota necesaria de violencia, de algo más amenazante que nos obligue a olvidar a Chucky por un momento. La cinta está plagada de diálogos flojos y se cimenta en una explicación bastante tonta e ingenua.

No obstante, la película tiene un estatus de culto que se lo ha ganado, en gran medida, porque fue de aquellas historias que vimos en algún momento de nuestra infancia gracias al VHS o por alguna transmisión trasnochada de cualquier canal local. Vale la pena verla para revivir el espíritu de una época, pero no para disfrutar de una buena historia. Quizás Dolly Dearest vio la luz demasiado pronto, enfrentándose a un Chucky que todavía seguía muy fresco en el cine de terror. 

—Mauro Vargas


No hay comentarios:

Publicar un comentario