Coleccionistas de pieles



Ha salido nuestro nuevo número y debo confesarlo: pese a mi fascinación con lo macabro, me ha costado siempre digerir el horror más real que existe, ese que cometen seres humanos tan apacibles como usted o como yo. Ese que habita cada esquina, cada casa vecina, ese del que podemos ser presa cualquier día, a cualquier hora, en cualquier lugar, y del que difícilmente podemos escapar.

¿Vampiros? ¿Hombres lobo? ¿Extraterrestres? ¿Fantasmas? Nos gustan, tanto como me gustan a mí, porque nos causan terror mientras estamos a salvo del otro lado del libro o de la pantalla. ¿Existen? Nos gusta creer que sí. De eso se trata la fantasía. Y si su existencia, en efecto, fuera un hecho comprobado, las probabilidades de que uno de ellos nos agarre por sorpresa es poquísima, casi que inexistente. Qué agradable el cosquilleo en el vientre cuando, al salir en la noche, a oscuras, imaginamos que nos acecha un monstruo salido de alguna producción de la Hammer o la Universal. ¡Qué traviesa es la imaginación! Pero, ¿y si detrás de aquellos arbustos no acechara una fantástica criatura sino un sujeto común y corriente, con gafas y una camisa bien metida en los pantalones, con sus manos crispadas listas para estrangular? ¿Y si aferra un bate de béisbol? O imaginemos que estamos en un bar, entre amigos, y llega un tipo muy amable y nos echa algo en la bebida sin percatarnos, vamos a la casa de él sin saber que no volveremos a ver la luz del sol. ¿O si alguien se ofrece a llevarnos en su camioneta hacia el pueblo más cercano? Probablemente no lleguemos a nuestro destino.

Ese horror es el más brutal, el más próximo. Habitamos con él. Y le huyo, porque es el que más me genera desazón.

La ficción está del otro lado, y cobra vida solo en la imaginación, ese lugar que habita dentro de uno y que se puede controlar. Allá afuera, en cambio, la amenaza se perpetúa, imparable. No hay cárcel ni pena de muerte que pueda erradicar el horror que encierra un psicópata. Son criaturas diseñadas para vagar entre la muchedumbre. Son hijos rebeldes de Dios, sus renglones torcidos, como reza aquel maravilloso título del libro de Torcuato Luca de Tena. Con ellos, la muerte y el dolor son una promesa cumplida. Sus crímenes nos reducen a un saco de huesos y vísceras, nos despojan de toda esperanza. Ellos son bestias ocultas tras amables rostros. Son cerebros emancipados de toda regla civil, son los verdaderos hijos del placer. Son  los seres más puros que hay, moldeados solo bajo la voz de su instinto. Pero también, los invitados a las páginas de este nuevo ejemplar, decidieron que después de la muerte la belleza cobra otro sentido. Son ellos los estetas del horror y la muerte, los verdaderos ejecutores del asesinato como una de las bellas artes. 

Han sido noticia durante años, el cine los ha retratado de múltiples formas, se han convertido en figuras de la cultura pop. Sus rostros han pasado de los archivos policiales a las camisetas de los amantes de lo macabro. Son íconos. Son ídolos. Son, quizás, la invitación a comprender, cruel y crudamente, la verdadera naturaleza del nuestra especie.

Todavía me cuesta ingresar a este mundo de aberración y locura, pero de vez en cuando la curiosidad me empuja a darle una mirada a estos especímenes oscuros y fascinantes. Si usted ingresa por primera vez a esta galería de pesadilla, si ya la ha conocido y le cuesta, como a mí, enfrentarse una vez más a ella, o si es un entusiasta de este tema, este número está dedicado a todos ustedes. Los protagonistas de este número son solo un puñado de tantos rostros conocidos. Quizás pronto invitemos a los demás. Para seres inmortales como ellos el tiempo no apremia.


Mauro Vargas

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

1 comentario:

  1. ¡Qué genial este texto tuyo! Me dan puras ganas de leer este especial...¿Qué posibilidad hay de mandarme todos los números de la revista? Estoy dispuesto a pagar el coste monetario requerido. Por cierto, te dediqué unas líneas en mi post sobre el nuevo aniversario del Cubil del Cíclope.

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