RESEÑA: Cell, de Stephen King



La idea de un colapso total de la civilización es tentadora y está vigente, dada la situación en la que nos encontramos desde hace algunos años, y aunque haya todavía mucho que contar bajo esa idea, el formato ha ido cambiando. El zombi, como agente exterminador, está muerto, valga la redundancia. Obedece a los mismos modelos, parece no haber nada más que explorar con ellos. Están caducos. Solo hay que ver cómo The Walking Dead se desploma temporada tras temporada. Por eso se ha ido dando paso a otra criatura más versátil, amenazante, ajustada al desenfreno del presente, y más difícil de eliminar: los infectados. Con ellos, las posibilidades son innumerables. Pandemias, guerras bacteriológicas, errores de la tecnología, todas estas plantean situaciones que nos llevan a reflexionar y que han superado hace bastante la superchería de la magia negra y del muerto saliendo de una tumba. Además, el infectado no está sujeto a estrictas leyes de funcionamiento, como las que constantemente anda recordando un frustrado y energúmeno George A. Romero ante cualquier nuevo éxito con muertos vivientes.

Stephen King con Cell propone una historia de infectados nunca vista antes, en la que el origen del problema viene directamente de los teléfonos celulares. ¡Qué idea! ¿Quién, en estos momentos, podría escapar de una infección como esa? Todo el mundo, excepto una minúscula porción de la población, depende de sus teléfonos celulares. En la novela, Clayton Riddell, un artista de cómics, acaba de recibir una gran propuesta de trabajo. Justo después de anunciarle la buena nueva a su familia, mientras está en la calle, la gente que habla por celular se ve atacada por una extraña fuerza que la convierte en violentas criaturas que atacan a todo aquel que se les atraviese. Aquella señal maligna será denominada como «El pulso». Clayton Riddell se hace amigo de Tom McCourt, a quien salva de ser atacado, y ambos emprenden la huida para refugiarse en un hotel. Allí conocen a la que será su compañera de viaje, Alice Maxwell. Clayton debe ir hasta Maine para ver si su hijo está bien y los tres comienzan un extenso viaje a través del país devorados por la incertidumbre, defendiéndose de los infectados y soportando pesadillas en las que un extraño ser, apodado «El hombre andrajoso», los convoca para el enfrentamiento final. Los infectados, mientras tanto, evolucionan rápidamente con su capacidad de comunicarse telepáticamente y comportarse como un inteligente rebaño.

Cell es una novela medianamente extensa, regular en toda medida, y no muy entrañable. Entre los ejercicios apocalípticos de su narrativa, La danza de la muerte (o Apocalipsis) está mejor concebida, tan larga en páginas como lo necesita una historia de este estilo. En Cell nos encontraremos a lo largo del viaje con personajes bien concebidos, como es usual en las novelas de Stephen King, y pese a lo efímero que puedan resultar algunos, se genera una empatía reforzada por la crisis en la que se desarrollan estos lazos afectivos. La situación apocalíptica de este libro, eso sí,  es mucho más interesante que la de La danza de la muerte, que tiene ese tufo moral, místico y religioso que la mueve. Cell es actual, altamente posible, y cotidiana. Aquí los sobrevivientes no son elegidos por el destino o alguna fuerza mayor, sino individuos corrientes, como nosotros, que se han ganado la supervivencia por casualidad, como sucedería si esta historia se desatara en nuestro mundo. Quizá la novela apocalíptica perfecta de Stephen King sea una combinación de sus dos grandes novelas al respecto: la extensión, el estilo y los múltiples giros que posee La danza de la muerte, unidos con el universo de Cell.

Este libro es entretenido, sinuoso en sus ritmos, con partes verdaderamente memorables —como la estadía en el campus universitario, con los zombis en el campo de fútbol transmitiendo música por sus bocas— y otras mucho más flojas, como la recta final. De nuevo Stephen King concluye de una forma no tan placentera, como suele sucederle cuando se enfrenta a obras que giran en torno al viaje del héroe.

Una novela recomendable, disfrutable, pero que no es la gran cosa.

King, Stephen. Cell. Traducción: Bettina Blanch Tyroller. Barcelona, España: Debolsillo, 2006.


Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

1 comentario:

  1. Coincidimos poco en esta, es de las novelas que menos me gustó de King; claro que ya sabes que yo y los zombis no congeniamos XD
    Besos.

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