RESEÑA: I Am Not a Serial Killer (2016) Billy O’Brian



El nuevo cine de terror que vale la pena ver en el presente nos está llegando desde el circuito independiente. Y en el ejercicio de la creatividad y la búsqueda de nuevas posibilidades, se comienza a fundir con las expresiones de otros géneros cercanos, como la ciencia ficción y el thriller.

I Am Not a Serial Killer recupera muchos de los elementos que hicieron grande al género en décadas pasadas. Filmada en 16 mm, consigue el grano de los grandes clásicos de los años setentas y ochentas. Pueblo pequeño norteamericano, calle desolada, y dos de las grandes festividades como lo son Halloween y Navidad, son el escenario de esta historia de suspenso. Y una vieja gloria de lo fantástico como Christopher Lloyd haciendo de presunto villano. ¿Se requiere más para llamar la atención de los fanáticos?

La fijación que tiene John Wayne Cleaver (¿oGacy?) hacia los asesinos en serie y demás temas truculentos han hecho que lo diagnostiquen con tendencias sociópatas, de las cuales ha estado intentando alejarse. Pero la realidad parece empeñada en atarlo a la muerte: además de que ayuda a su madre en el embalsamamiento de cadáveres, están sucediendo en el pueblo atroces homicidios en los que los cuerpos son cercenados y despojados de sus órganos. Las muertes se suceden día tras días y no hay rastro del asesino. La pequeña comunidad está apresada por el miedo. Sin embargo, John Wayne Cleaver, mientras intenta controlar sus impulsos, comienza a seguirle la pista a estos acontecimientos y pronto descubre, con asombro, quién es el posible criminal.

El gusto por los asesinos en serie es algo que no muere, especialmente en Norteamérica. Lo valioso de esta película, aparte de la mixtura de géneros y su ritmo pausado, que va en contravía de las leyes clásicas de estas historias, es que el asesino no es el foco absoluto de nuestro interés, sino su perseguidor: el adolescente, marginado, incomprendido, presa de temores tan complejos como ser consciente de que quizás está destinado a convertirse en un asesino y que se desplaza al borde de sus conductas, mientras intenta lidiar con un conocimiento tan peligroso como saber quién está detrás de los crímenes de su pueblo. La amenaza viene del exterior, pero también del interior. Solo es cuestión de tiempo para saber cuál de los dos monstruos —el otro y el yo— es más peligroso.

La película no escapa de breves fallos, como que un asesino lleve tanto tiempo cometiendo sus crímenes impunemente dentro de una población tan chica, y el desafortunado tono del final, que va en contravía de toda la cinta. Se lamenta, también, que la participación de Christopher Lloyd no destaque tanto como uno quisiera. Pese a todo, es una película recomendable para ver. Refrescante. Está basada en la novela homónima de Dan Wells.



Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

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