RESEÑA: El cazador de sueños (Dreamcatcher), de Stephen King



Stephen King nunca dejó de escribir, ni siquiera cuando una furgoneta casi lo mató. Con los huesos rotos, y atenazado por los dolores, continuó trabajando (porque el dinero siempre hay que moverlo). El cazador de sueños fue su terapia de convalecencia. Escribió a mano esta novela de más de quinientas páginas, a veces a la luz de las velas cuando se iba la energía. Al final del libro el autor habla al respecto y dice que quizá el dolor que padecía pudo haberse transmitido a su historia, cosa que es totalmente cierta.

Esta novela es de aquellas que generan opiniones dispares sobre su calidad. No es una novela mala. Está escrita correctamente —incluso con muchos más juegos y libertades estilísticas que sus otras novelas debido, posiblemente, a su escritura manual—, y a grandes rasgos es interesante y compleja. Más bien resulta densa, pesada, un tanto insufrible.

Cuatro amigos se reúnen anualmente en una cabaña en medio del bosque para cazar. Esta vez, en un crudo invierno que azota la zona boscosa de Derry, suceden cosas muy extrañas. Unas luces se dejan ver en el cielo. Los animales enloquecen. Un visitante inesperado y extraño arriba a la cabaña. Pronto, este grupo de amigos se ve enfrentado a las tempranas amenazas de la crisis que se está viviendo en la zona. ¿Cuál es la causa de estos fenómenos? Aparentemente, extraterrestres. No se asombren, desde la primera página es más que evidente que se trata de esto.

Sin embargo, la novela no deja de dar la sensación de que no tiene rumbo. El cazador de sueños tiene uno de los inicios más tortuosos en la obra de King. Da tregua luego de un buen número de páginas, cuando por fin ingresamos a la historia, pero no demora en hacerse cargante de nuevo. Es densa, farragosa. Se extiende innecesariamente en largos devaneos en la mente de los protagonistas. El desarrollo de personajes con personalidades complejas que se ganan el afecto del lector (sean héroes o villanos) es algo que a Stephen King se le da muy bien, con naturalidad. Aquí, sin embargo, se siente impostado, como si le hubiera costado un montón trazar sus vidas. Estos cuatro amigos no son imprescindibles tampoco, porque desde el comienzo los vemos como pasto de aves. Posee extensos capítulos dedicados a cada personaje, cuyas personalidades no satisfacen la atención que King les brinda. Como la novela está plagada de referencias a It, pareciera que estos cuatro amigos fueran una nueva versión de El Club de los Perdedores, con sus inquebrantables lazos de amistad, alternando el presente y el pasado para explicarnos cómo llegaron a conocerse, pero nunca llegan a ser ni la sombra de aquel grupo entrañable de niños valientes. Otros detalles que ligan esta novela con la del payaso maldito son la aparición de de Bob Gray (conocido para quienes leyeron la obra sobre el payaso asesino) y los constantes viajes al pasado, a los lugares familiares de Derry. Tenemos, además, las facultades mentales al estilo Insomnia y El resplandor y también recuerda un poco a La niebla, con sus extrañas criaturas.

Al conocer las condiciones en las que fue escrita, El cazador de sueños es un desahogo personal. Es un repaso que hace Stephen King de su largo trayecto. Es una mezcolanza de sus obras anteriores y de sus temas o preocupaciones recurrentes. Es un intento forzado por entrelazar muchos títulos escritos en el pasado, para vendernos la idea de que siempre ha estado trabajando en el diseño de un solo universo. Aquí se excede.

Se hizo una adaptación que ha recibido críticas dispares, en cuyo reparto destacan Morgan Freeman y Thomas Jane, este último un rostro frecuente dentro del universo cinematográfico de Stephen King.

Mauro Vargas


King, Stephen. El cazador de sueños. Traducción: Jofe Homedes Beutnagel. Barcelona, España: Círculo de lectores, 1999.

Comentarios

  1. Es una obra de King que si bien me gustó leer,no me parece de las mejores, se me asemejaba mucho a It; aunque no guardo mal recuerdo de ella.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario