miércoles, 17 de agosto de 2016

Horror a lo pobre

No se trata de grandes presupuestos, se trata de creatividad. Las mejores películas fueron producto del ingenio y no del dinero.


Por Mauro Vargas.

Con más de cuarenta años, el desasosiego que sigue produciendo Night of the Living Dead es admirable. Tan solo en los primeros minutos, desde la llegada al cementerio hasta la huida de Barbara, uno no puede evitar estar al borde de la silla por la expectación o hundido en ella por la angustia. Los zombis que allí aparecen no son mayormente aterradores, apenas unas pálidas figuras vacilantes sin heridas explícitas. El gore es nulo, si es que omitimos al muerto viviente saboreando ese hueso de res. El remake noventero, a manos de Tom Savini, es otra delicia visual que satisface el apetito explicito, pero no iguala los niveles de angustia que Romero generó. Creo fervientemente que la creatividad es la que ha designado su éxito. Como en el teatro, los límites impuestos por el escenario —o en este caso la falta de dinero— obligan a que el realizador se salga con la suya a punta de ingenio. La pobreza de los recursos hace del resultado algo tan personal, tan íntimo como el sentimiento del miedo mismo.

Las películas que llegaron en los años setenta parecieron entender esta estética de la pobreza. Probablemente no tenían otra opción. The Last House on the Left y The Texas Chainsaw Massacre generaron con su suciedad visual la sensación documental que tan bien supieron recrear los italianos con el cine mondo. Nunca se había visto tal nivel de violencia y crudeza en la pantalla. Todo parecía demasiado real. La barrera que se impone entre la ficción del celuloide y la realidad del público se vio minada. De nuevo, el horror estaba demasiado cerca. Halloween apareció en los cines a finales de la década. La sapiencia de John Carpenter supo ocultar el poco dinero con el que contaban. La escasez se volvió abundancia con amplias tomas de calles desiertas. La sugerencia triunfó al presentarnos el imparable poderío de Michael Myers sin mostrar una sola gota de sangre. Los elogios a esta película disparan, en su mayoría, a cómo el director permitió que el espectador participara con su imaginación. Accidente o elección sensata, esta adherencia es la que permite que el horror alcance su máximo nivel de naturalidad. Es, si no la única forma posible, la mejor de todas. La angustia se genera ante la amenaza invisible. El ser humano entra en un estado de incertidumbre y suspensión. Por un momento el orden de su realidad se ve alterado. Una voz en la oscuridad, un insólito soplo de viento, algo que se cae sin haber sido tocado, una extraña fuerza que se posa sobre nosotros y no nos deja respirar. A veces la explicación es racional, pero la imaginación también se plantea soluciones más insólitas y son esas las que, como si del morbo se tratara, preferimos adoptar.  Así se manifiesta el miedo en la vida real. Son instantes de extrañeza y de duda que desembocan en el temor. Pocas veces logramos ver su rostro, y la imperiosa necesidad de revelarlo es la que nos permite enfrentarnos a él, pero cuanto más dure la llegada del desenmascaramiento, más suspenso nos invade y descoloca. The Blair Witch Project fue revolucionaria en ese asunto. No vemos nada, pero lo imaginamos todo, picados por la curiosidad que los realizadores plantaron en el público al advertir de la supuesta veracidad del suceso. La cámara en mano y el estilo amateur reafirmaron aquella genialidad publicitaria que, muchos años después, calcó Paranormal Activity con inmejorables resultados, aunque cometieran el mismo error al creer que era posible hacer secuelas de un mockumentary.

Pero las nuevas tecnologías han ido en detrimento del ingenio. Solventar la escasez de dinero se soluciona con un computador. La técnica se devoró el trabajo creativo. Todo es espectacularidad. Solo hay que ver los trailers para desanimarse, en especial los de los refritos: la nueva versión de The Last House on the Left parece un thriller barato del montón, de esos que son filmados en tonos fríos y pasan por televisión a medianoche. La alta definición y la correcta filmación nos dejan pensar que nada de eso es verdad, que es tan solo una película y que los actores solo están actuando. O en la nueva versión de Poltergeist, donde vemos a la pequeña Carol Anne siendo arrastrada por las escaleras. Si ya en la original los efectos especiales son demasiado vistosos para hacernos dudar de que tales cosas puedan pasar, en esta nueva reinterpretación abusan.

En el horror sobrenatural hay que sugerir, no mostrar en exceso; no es una buena idea, no funciona. Y aunque se goce de gran presupuesto, es preferible sentarse y pensar con calma. Puede que salgan fantásticos resultados como Signs, de M. Night Shyamalan, en la que aparecen dos de mis escenas favoritas de todo el cine de miedo: el pie del extraterrestre en el cultivo y el video casero de la fiesta infantil. Si hay que usar el dinero, que sea en otros asuntos que no sean la destrucción del misterio y la abolición de la imaginación del espectador, porque aunque en el cine todo se trate de imagen, el horror goza del privilegio del ocultamiento para su bien.

¿Y en dónde quedan los slashers y demás cintas de violencia explícita? Claro, en ellas se trata de mostrar hasta teñir de rojo la pantalla, pero todo gira en torno a estímulos más aversivos y repulsivos. Ya no se puede emular el estilo que propuso Wes Craven en su violento filme del 74; Hoy, hasta la cámara de video más pequeña tiene una definición inmejorable. Sin embargo, sí se les puede dejar la responsabilidad a los relegados maquilladores. Sus manos resultan ser más prodigiosas que las computadoras para provocar el asco, pero eso es harina de otro costal. 

7 comentarios:

  1. La noche de los muertos vivientes la vi y me gustó, y eso que es de zombis y a mí los zombis no me van mucho. El remake noventero creo que no lo vi pero no creo que lo haga.
    Los slashers tampoco me gustan demasiado. A mi es que me va más otro tipo de terror más de escalofrío por la espalda... menos explícito y sanguinario.
    Aunque Saw me gustó, pero solo la primera, que luego es un festín demasiado macabro para mí XD ¿Es un slasher, verdad?.
    Un beso.

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    1. He escrito "macabro" pero quería decir "gore". Sí, demasiado gore para mí :-)

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    2. En efecto, Atalanta. Ubican a SAW como Slasher. Cumple con todas las condiciones a su manera.

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  2. Todas las películas que mencionas me gustan demasiado (siendo de mis favoritas "La Noche de los Muertos Vivientes" y en especial "Halloween"). Justamente creo que el talento de sus creadores se aprecia por cómo lograron tanto con tan poco (y en ese sentido lamento que los responsables de "El Proyecto de la Bruja de Blair", no hayan conseguido una carrera al nivel de los maestros Romero, Carpenter, Craven y otros). Por cierto, creo que en esta lista se te olvidó mencionar "Evil Dead".
    Además deseo preguntarte dos cosas:
    1- ¿Qué pasó con el especial de "It"? ¿Será en papel y digital?
    2- ¿Te viste la peli basada en "Cell" de Stephen King? Pues a mí me gustó y escribí un post sobre ella, pues encontré muy injusto que la trataran tan mal.

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    1. Por supuesto, Evil Dead. Una que dejé pasar. Tremendo trabajo de San Raimi con tan poco presupuesto.
      El especial de IT sale hoy. Quería postear la primera entrada en el cumpleaños de Stephen King, hoy 21 de septiembre. Esta semana subiré los otros, incluído el tuyo, por supuesto.
      Saludos. Elwin.

      -Mauro Vargas.

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  3. me gustaría conocer su opinión acerca de "the return of the living dead"; 1985, dir: dan o' bannon; me gusta mucho pero no se menciona en reseñas de clásicos. será que sólo me gustó a mi?.
    quedo al tanto de su opinión.
    gracias por tan excelente espacio

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    1. Gracias a ti por pasar a leer. Claro, recuerdo haber visto esa película hace bastante tiempo y tengo gratos recuerdos. Bellas épocas del cine de terror. Valdría la pena verlas nuevamente. Gracias por la recomendación.
      Un saludo.

      -Mauro Vargas.

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