10 grandes aperturas de la literatura de terror



Es una verdad universal que la primera frase o el primer párrafo de un libro debe ser suficientemente poderoso para cautivar al lector incauto. Debe revelar el ritmo, estilo y tema de la obra y generar una curiosidad suficiente para que nos veamos obligados a continuar leyendo.

Los libros de horror pueden darse el lujo de prescindir de estos artificios. Cuando agarramos uno ya sabemos lo que nos ofrecerá: miedo. Sin embargo, no está demás reforzar la atracción con unas cautivantes primeras líneas y existen escritores que han sabido hacerlo. He aquí diez primeras aperturas que no les darán más opción que comprar el libro, llevarlo a casa y perderse en los misterios que se escoden en su interior:



El terror, que no terminaría por otros veintiocho años —si es que terminó alguna vez—, comenzó, hasta donde sé o puedo contar, con un barco de papel que flotaba a lo largo del arroyo de una calle anegada de lluvia

IT, de Stephen King.


Ella estaba en la oscuridad y se acercaba lentamente hacia él. Si bien no podía verla (nunca la veía hasta el último momento), sabía que se aproximaba a él. Era como si pudiera olerla, aunque no era exactamente así, pues el olor extraño y semejante al almizcle que penetraba en sus fosas nasales era el de su propio temor y no el olor de ella.

El estigma, de John Saul


Algunos lugares son demasiado perversos para que se tolere su existencia. Algunas ciudades son demasiado ponzoñosas para poderlas soportar. Calcuta es una de ellas. Antes de Calcuta no creía en la maldad... ciertamente no como una fuerza independiente de las acciones del hombre. Antes de Calcuta yo era un insensato.
La canción de Kali, de Dan Simmons


—Ya veo... —dijo el vampiro, y lentamente cruzó la habitación hacia la ventana.

Entrevista con el vampiro, de Anne Rice


Era la risa lo que lo hacía correr, más que la oscuridad, más que aquella veloz sombra.

Sacrilegio, de Whitley Strieber


Nunca pretendí ser una vampira.

El elixir negro, de Elizabeth Engstrom.


Era un día soleado y luminoso. No se podía decir que fuera un día para perseguir fantasmas. La casa tampoco era de las que cabría esperar que estuviera encantada. Pero los fenómenos psíquicos no tienen nada que ver con el tiempo, el lugar o el clima.

La oscuridad, de James Herbert


El grito sonó breve y distante. Un grito de mujer.

Fantasmas, de Dean Koontz.


En primer lugar, era octubre, un mes raro para los niños. En verdad, todos los meses son raros, de un modo o de otro. Pero los hay buenos y malos, como dicen los piratas.

El país de octubre, de Ray Bradbury.


Erase una vez, no hace mucho tiempo, un monstruo que llegó a la pequeña ciudad de Castle Rock, estado de Maine. Mató a una camarera llamada Alma Frechette en 1970, a una mujer llamada Pauline Toothaker y a una estudiante de la escuela secundaria, llamada Cheryl Moody, en 1971; a una preciosa muchacha llamada Carol Dunbager en 1974; a una profesora llamata Etta Ringgold en otoño de 1975; y, finalmente, a una maestra de escuela primaria llamada Mary Kate Hendrasen a principios del invierno de aquel mismo año.

 Cujo, de Stephen King. 

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho esta entrada. Tienes que hacer segunda parte :-)
    El comienzo de Sacrilegio me ha puesto los pelos de punta... Me paso a ver su reseña :-)
    Besos.

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  2. Qué genial reencontrarme con nuevos post tuyos, que este además por un lado me trajo la nostalgia ("It", "Cujo", "Entrevista con el Vampiro" y "La Canción de Kali"), así como hizo que me dieran ganas de leer joyitas del calibre de "Sortilegio" (tal como ya te he comentado anteriormente...De ahora en adelante libro que me pille de Strieber me lo compraré). De James Herbert cuando era escolar disfruté mucho "Luna Sangrienta" y al señor Koontz hace años que ni le tomo una de sus tantas novelas (Lo mejorcito que le recuerdo: "El Lugar Maldito!").
    Por cierto, en una próxima entrada de este tipo, deberías poner algo del gran Clive Barker.

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