RESEÑA: The Haunting Hour: Don't Think About It (2003) Alex Zamm


Para los que consideramos Halloween como nuestra segunda Navidad, sabemos de la nostalgia que nos embarga cuando llega el 31 de octubre. Hemos crecido y conservamos la facultad de disfrutar de esta festividad adoptada, pero no podemos negar que extrañamos la manera como esperábamos y disfrutábamos la noche de brujas en nuestra infancia, como mirábamos al horror con ojos de diversión y anhelo, como nos llenábamos de poder al disfrazarnos y ser, al menos por un día, otra criatura; en fin, como nuestro universo se transformaba esa única noche del año en la que valía la pena estar despierto.

The Haunting Hour  es una película al mejor estilo de Nickelodeon. Es una historia infantil para verla en familia. Es de esas producciones que nos hacen la primera invitación al horror. Después de tener la cabeza curtida con producciones superiores, es difícil verla con una gran obra cinematográfica, pues no está diseñada para nosotros. Sin embargo, sí es capaz de hacernos vivir, al menos a través de la pantalla, aquellas experiencias que ya dejamos en el pasado y que solo habitan en los recuerdos. Salida de la prolífica mente de R. L. Stine, The Hauning Hour  es una recopilación de todo lo que amamos del Halloween ideal, el que se celebra en Norteamérica, el que transcurre en los suburbios de calles tapizadas por hojas muertas, poblado de niños que corren de allá para acá atiborrándose de dulces. Para los que nacieron en los noventa, además, es un reencuentro con sus primeros miedos cinematográficos. Sabemos bien que muchos autores del género son deudores de R. L. Stine, aquel que llevó a las más recientes generaciones por el sendero del horror.

Vale la pena mencionar la participación de todo un ícono de lo más retorcido del género: Tobin Bell, el famoso Jigsaw de la franquicia de Saw





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