El hombre de todos los muertos



Por Mauricio Vargas Herrera.

Al caer la noche, los muertos se van levantando de sus tumbas. Desfilan por las calles rostros mellados, desgarrados y ensangrentados de ambos sexos y todas las edades. Y no son solo muertos comunes y corrientes. Varias versiones muertas de Blancanieves, Mario y hasta del Chapulín Colorado avanzan con parsimonia, entre risas y lamentos, a lo largo de la carrera séptima. Los vivos, incautos e inocentes ante la macabra procesión, no pueden evitar mirar a la muerte hecha multitud. Pero no hay que alarmarse, muchos otros han preferido vestirse como exterminadores profesionales, armados hasta los dientes con rifles de juguete y bates de beisbol.

Es el espectáculo de terror por excelencia. Cada Halloween, familiares y amigos se reúnen para celebrar una fiesta que, aunque ajena, la sentimos como nuestra hace mucho tiempo, porque es un homenaje a aquellos miedos que primero conocimos por las pantallas de nuestra televisión. ¿Y qué mejor que embadurnarnos de salsa de tomate y salir a asustar a los transeúntes? Con el auge de los muertos vivientes, no hay más remedio que sucumbir a los placeres del horror.

Aunque la Marcha Zombie ya lleva cuatro años de existencia tal como la conocemos, su origen se remonta a un pequeño y desafiante acto colegial liderado por  John Karlos, el hombre detrás del gigantesco evento.

«Yo me levanté por la mañana, tomé un baño y me perfumé, me comí un gran desayuno y me puse a pensar y no hice más ‘na. Al llegar al colegio, el rector me sacó la piedra porque llegué disfrazado un 31 de octubre. El colegio era militar. El caso es que 31 es 31, disfraz es disfraz. Entonces por mí y por mi gusto por las películas de clase B, decidí hacer en el descanso un desfile de muertos por nuestro derecho a disfrazarnos los 31 de octubre como cultura no colombiana, porque yo estudiaba con ricachones, hijos de gringos; ellos sí tenían esa fecha como algo natural. El caso es que desde ese día hice marchas zombis, hasta el 2011 cuando me lancé al ruedo e hice la primera marcha oficial... y pegó. Fueron tres mil marchantes aproximadamente. Desde ahí la hago oficial e institucional.»
Como todo, la primera vez es la más atemorizante. Surgen las dudas, los temores, y la incertidumbre y ansiedad se vuelven protagonistas.

«Ese día estaba cagado del susto», recuerda John K. «Imagínese meter a cien metaleros con punks y raperos, además de rateros que no faltan. Esa vaina es heavy. Además, controlar todo para que no vuelvan mierda la ciudad porque me la cobran a mí. Pero se ha hecho bien y la gente que va a la Marcha zombi ha demostrado que sea lo que sea somos bogotanos y colombianos de bien. ¡Un saludo para ellos, carajo!».

Sin duda, la respuesta fue positiva desde el comienzo, cosa que no es fácil al querer convocar a la gente para que participe en un evento tan insólito. Quizá fue suerte, o tal vez el destino, que  quiso recompensar a John K por las acciones de su pasado. Puede que La Marcha Zombie sea la demostración de aquello que reza Hoy por ti, mañana por mí.


«Yo trabajaba en un pool de abogados, el del doctor Benítez, el mejor de la ciudad. El primer día de la marcha hice lo conveniente, saqué permisos, y llegué a la Plaza de Bolívar. Yo no esperaba tanta gente. Los primeros a los que vi fueron los parceros que tenía en el 20 de julio, Jerusalén y Patio bonito. Me dejaron impresionado. Yo siempre fui a aquellos barrios, más por el corazón de mi papá, que cada domingo me hacía ir a misa, y luego a lo que en esa época era Pomona a hacer mercados para luego irlos a repartir en esos barrios. Él me decía “Chino, hay que ser humilde, hay que compartir con los menos afortunados”. Ahí aprendí a ser el gomelo del barrio pobre, a lo que hoy llamo "El duque del pueblo”.

»El día de la primera marcha encontré al “Chatalatas”, al “Chupin” y al “Barney”, que jalaron gente para la marcha, no por el gusto por los zombis, sino por retribución hacia esos mercados que yo les daba a sus cuchas madres solteras y a veces lastimadas por sus hombres. En ese momento comencé a ser conocido como el “gomelohumilde”. Si voy a barrios como Jerusalén o Sierra morena me saludan, al igual que si voy al club El nogal esa misma noche. En ambos lugares la gente me parece la misma, solo que unos tienen más que otros. Lo que pasa es que el espíritu es humano y todo se ha debido a la desigualdad, esa misma que promueve el gobierno, esa a la que quiero morderle el cerebro.»

John K es el único encargado de llevar esta empresa adelante, sin olvidar a su familia, con la que inició todo. «Detrás del evento está mi mamá y mi papá, Clara y Carlos, los doble C. Se conocen desde los catorce años. Ahora tienen sesenta y siete y aún están juntos. Ellos son el músculo económico y social y sí, estoy yo solo porque como dijo el gran filósofo chaolín: «mejor solo que mal acompañado». Además, en los años anteriores traté de vincular gente y trataron de robarme, entonces mejor solo.»

John profesa una fuerte aversión hacia la injusticia, hacia la corrupción y demás males que destruyen al país. No tiene reparos en denunciar las atrocidades que se ven a diario a través de la fan page de la Marcha Zombie. Además de manager de artistas, gerente de una empresa de eventos y mercadeo BTI, se autodenomina «animalista, ambientalista y paladín de la justicia, así me toque putear a más de un político que se las viene a dar de “honesto». Si el fenómeno de los muertos vivientes en la literatura, el cine y la televisión supone una representación de los males de la sociedad moderna, John K es esta especie de líder para las masas, simbolizada en una marcha zombie que, además de evento cultural, se ve impulsada por una causa social e incluyente. «Sobre los espacios que brinda la marcha, lo resumo en este mensaje de agradecimiento de uno de los maquilladores:

«Viejo John K, un saludo. Le agradezco la oportunidad de maquillar en su evento. Cada año es una buena inversión y que da buenos frutos y la forma de mostrar mi talento. Papi, me lukié gracias a vos y sé que la gente quedó contenta con mi trabajo. Lástima que no fuera todos los días porque es una buena oportunidad de empleo, cosa que no hace el puto gobierno».
Andrés Guevara, gerente de «Monterlake: Efectos Especiales».



Además, actos como recolectar mercados en la marcha  para los más necesitados son los que otorgan trascendencia a este evento. Y al público parece gustarle. «La respuesta de la gente ha sido espectacular», afirma John K. «Todo colombiano anhela la paz y realmente esta marcha es por la paz.»

Pero no todo es color de rosas. Los incidentes siempre están a la vuelta de la esquina y hay que estar atento para lidiar con ellos. «Un hijueputa con un bate golpeando gente al azar», dice John K cuando se le pregunta sobre alguna anécdota en estos cuatro años de Marcha Zombie. «Mi logística lo capturó y lo puso a disposición de las autoridades en dos minutos. Alcanzó a herir a dos personas. Loco. Ahora cumple su pena.» Pero son nimiedades, pequeños accidentes que no obstaculizan la realización de la Marcha Zombie, la cual ya se anunció para este año. El lugar de encuentro será revelado antes del evento y muchas otras sorpresas se preparan, como conciertos y eventos gratuitos para toda la familia, sin olvidar la revista oficial del evento, que supura tanta sangre como un cadáver fresco.

Y como buen fanático del cine de muertos vivientes, John K responde a mansalva:

Película de zombis favorita:
Zombie 2, de Lucio Fulci.

¿Y la más mala?
Ninguna de zombis es mala. Puede ser tremenda porquería, pero solo por el hecho de tener zombis no es mala.

¿Romero o Fulci?
Fulci, toda la vida.

¿Muertos que caminan o que corren?
Los que caminan.

Pesadilla inolvidable:
Mi novia follándose a un zombi.

En caso de un apocalipsis zombi:

Un arma: Katana.

Compañero de lucha: Obama. Con un botón manda a todos al webo.

Un resguardo: el congreso de la República. Comiendo tanta rata los zombis se envenenan.

Fotos: John Karlos.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

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