RESEÑA: Holocausto (Burnt Offerings), de Robert Marasco

Hay novelas que se ganan toda su popularidad por la opinión de otros y no tanto por sus propias facultades. Holocausto —horrible traducción del título original (Burnt Offerings)— se ha ganado su pequeña fama gracias a su aparición en la lista de libros que Stephen King recomienda al final de su ensayo Danza macabra. Si está ahí es porque supuso algún aporte particular a la literatura de terror de aquellos años, pero no tanto porque de verdad sea una obra del mismo nivel con las que se codea.

Una familia decide pasar las vacaciones en una antigua mansión a las afueras de la ciudad. Lo que resulta sospechoso es el bajo precio del alquiler en comparación con el lujo de la propiedad. Además, a la familia se le encomienda una pequeña tarea: servirle la comida a la dueña de la casa, una anciana que permanecerá todo el tiempo encerrada en su habitación. Aquello pone a la familia en una situación incómoda, pero por tan bajo precio no ha lío.

Las vacaciones comienzan con total naturalidad. Pronto, pequeños incidentes comienzan a desmoronar los vínculos de la familia, a la vez que la casa parece estar restaurándose por sí misma. La madre se obsesiona con el lugar, se vuelve huraña e irritable, su marido sufre algunos altercados y pone en riesgo la vida de su hijo en una ocasión, y la abuela está envejeciendo aceleradamente. La casa parece contenerlos. ¿Les suena a algo? Muy pronto uno se entera cuál es el gran misterio que esconde aquella mansión porque muchos de sus pasajes ya los hemos visto mejor recreados en historias como El resplandor (quizá por eso la mención que hace King en su lista). Y aunque resulta, a estas alturas de la vida, predecible, no envejece con la misma dignidad que otras novelas tales como La semilla del diablo, que ha sabido mantenerse en pie pese a la también desafortunada traducción del título.

La propuesta que tuvo Marasco, alejándose de lo explícito para querer asustarnos con pequeñas dosis de misterio, como bien lo saben hacer los mejores escritores del género en algo que en inglés se llama quiet horror, solo haya su interés en eso, la propuesta. Su ejecución, quizá víctima del paso del tiempo, es poco afortunada. La novela ha envejecido con pesadez.

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