Las leyes vampíricas de Anne Rice


Por Julieth Alemán.

Mucho se ha hablado sobre los vampiros en los últimos años. Se han convertido en monstruos de gran popularidad, ya sea por la leyenda que hay detrás de su figura o por la idea ridícula de que brillan a la luz del sol.

El vampiro es un ser que ha transformado la idea de la muerte, la belleza y la vida eterna. Son estos factores los que más lo han caracterizado, pero, ¿qué sucedería si detrás del mito se escondiera todo un mundo que funciona con sus leyes y normas? ¿Son los vampiros seres capaces de vivir en una sociedad sin reglas?

Para este artículo, decidí indagar sobre el tema del vampirismo en la literatura. Con gran sorpresa, me encontré con las leyes vampíricas que Anne Rice escribió  para su saga de libros titulada Las crónicas vampíricas. Son cinco reglas fundamentales para que mortales e inmortales sepan de antemano que se enfrentan a una figura temible, capaz de succionar todo el encanto de la obra de Dios. Sin más rodeos les presento las leyes vampíricas reveladas a Armand por Santino:


 Primera: Cada aquelarre debe tener su líder y sólo él puede ordenar la operación del «don oscuro» sobre un mortal, viendo que los métodos y los rituales sean apropiadamente observados.

Segunda: El «don oscuro» no debe entregarse nunca a tullidos, lisiados, niños o aquellos que no puedan, incluso con el «don os-curo», sobrevivir por sí mismos en una dificultad. Que se entienda también que todos aquellos mortales que reciban el «don oscuro» deberán ser hermosos en persona para que el insulto que se hace a Dios sea mayor cuando se lleve a cabo la transformación.

Tercera: Nunca debe un vampiro viejo realizar esta magia por miedo a que la sangre del novato sea demasiado fuerte, puesto que todos nuestros dones la incrementan de forma natural con la edad, y los ancianos tienen demasiada fuerza para transmitirla. Heridas, quemaduras,  estas catástrofes, si no destruyen a la Criatura de Satán, sólo incrementarán sus poderes cuando se cure. Y, sin embargo, Satán guarda al rebaño de los poderes de los ancianos, puesto que casi todos, sin excepción, se vuelven locos.

A este particular, Armand debe darse cuenta de que no había vampiro vivo y que fuera mayor de 300 años. Ninguna criatura que pasara de esta edad puede recordar el primer aquelarre romano. El diablo llama frecuentemente a sus vampiros a casa.

Pero que, además, Armand debe comprender que el efecto del «Oscuro Truco» es impredecible, incluso cuando se transmite por parte del vampiro muy joven y con todo el debido cuidado. Por razones que nadie sabe, algunos mortales, cuando nacen a las tinieblas, llegan a ser tan poderosos como titanes, mientras que otros pueden ser no más que cadáveres que se mueven. Por eso los mortales deben elegirse con habilidad. Debería evitarse a aquellos con gran pasión e indomable voluntad, así como a los que carezcan de tales por completo.


 Cuarta: Un vampiro jamás puede destruir a otro vampiro, excepto el maestro del aquelarre; este tiene poder sobre la vida y la muerte. Es su deber, además, el conducir a los ancianos y a los locos al fuego cuando no puedan seguir sirviendo a Satán como deberían. Es su obligación destruir a todos los vampiros que no hayan sido debidamente «hechos». Es su obligación destruir a aquellos que estén heridos de tanta gravedad que no puedan sobrevivir por sí mismos. Y finalmente es su obligación el bus-car la destrucción de todos los proscritos y todos aquellos que hayan violado estas leyes.

Quinta: Ningún vampiro revelará jamás su verdadera naturaleza a un mortal y dejará al mortal vivo. Ningún vampiro debe revelar jamás la historia de los vampiros a un mortal y dejarle vivir. Ningún vampiro debe poner por escrito la historia de los vampiros ni ningún verdadero conocimiento de los vampiros por miedo a que dicha historia sea encontrada por los mortales y la crean. Y el nombre de un vampiro no debe ser conocido jamás por los mortales, excepto de su lápida, y jamás debe ningún vampiro revelar a los mortales la ubicación de su guarida o la de otros vampiros.














Fotos: Interview with the Vampire, 1994 Geffen Pictures

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