EL ÚLTIMO LIBRO A LA IZQUIERDA: Death Scenes: A Homicide Detective's Scrapbook



Por Cara de cuero.

Mientras recuerdo las portadas de la prensa roja de mi ciudad, esas portadas llenas de horror real, de cuerpos reducidos a masas informes bañadas en sangre y miedo, llego a creer que hay zonas que, de haber un dios, sin duda las dejó a su albur; las abandonó a su suerte como una bestia a una cría lisiada o inútil. Hay lugares en cada pedazo de tierra hollada por el hombre que sin duda son la ira o la desmemoria de un dios indolente. Lugares como Los Ángeles, California en la década del 30. Una ciudad sumida en la depresión económica; hambrienta y arrastrada a matar el tiempo devorando a sus hijos. Donde sin duda había dinero,  pero hacerse con algunas monedas tomaba más esfuerzo que nunca y los excesos eran el exosto de un carro hacía tiempo desajustado y solo sostenible a punta de astucias siempre malsanas, corruptas pero funcionales para un pueblo que solo se esforzaba en maquillar la resaca de la noche anterior. Esa es la ciudad del odio que le tocó en suerte a Jack Huddleston,  detective del departamento de policía de la ciudad. Un tipo que quemaba sus horas de servicio levantando las cabelleras aún húmedas de alcohol y sangre que bañaban a Los Ángeles de muerte en ese entonces. Jack fue entrando cada vez más a fondo en esa «otra» ciudad; esa que brillaba con neón y que rodaba veloz al abismo, en medio del final de la gran depresión y las prohibiciones, la que, como el resto de Norteamérica, se entretuvo asesinándose mientras llegaba otra guerra. Las noches libres de Jack, nuestro detective untado de miseria, nos legaron el fruto de una secreta obsesión; el deseo de hacer un museo de la muerte, una galería de la ignominia que hoy ha sido recuperada por Feral House para deleite de espíritus forenses y gentes de estómagos insensibles. Jack Huddleston dedicó dos décadas de su vida a recoger pacientemente el reverso de la ciudad, a revelar que el sol en realidad rara vez brilla y que Hollywood es más una trituradora de sueños que un lugar de oportunidades para futuras luminarias del cine. Este libro es un viaje al horror sin tiquete de regreso. Pocas veces un Scrap Book puede pegarse de forma tan severa a la memoria. Pocos son también los hombres que se dedican a coleccionar tanta miseria. Lo miro y por momentos creo que puedo tocar la cara dislocada de cada muerto; que me puedo cortar con cada trozo de vidrio ensangrentado en el suelo donde yace como en un mal sueño y, sin embargo tan real, el fin de una vida que aunque no conocí ni conoceré, parece decirme que le debe al buen policía no quedar del todo en el olvido. Quizá solo así sea posible mirar tranquilo este álbum macabro que prueba que no siempre «todo tiempo pasado fue mejor». Quedan invitados los valientes o los curiosos a internarse en este tétrico homenaje al único animal que se depreda a sí mismo, así como a pensarse dos veces qué hombre es capaz de tal artesanía; capaz de coleccionar con paciencia de embalsamador una a una los cientos de postales del infierno que siempre puede ser tu propia esquina.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

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