STEPHEN KING, ¿UN AUTOR FEMINISTA?



Por Elwin Álvarez Fuentes.
Publicado originalmente en El cubil del cíclope.

Stephen King nos ha deleitado a lo largo de su carrera literaria con historias protagonizadas por complejos personajes femeninos. ¿A qué se debe esta fijación?

He aquí una famosa cita de Dolores Claiborne, uno de los mejores libros de Stephen King; no solo debido a la originalidad de su trama, sino que también por su enorme calidad literaria como por la profundidad de su temática: «A veces lo único que le queda a una mujer es ser una perra».

Que un autor de sexo masculino provoque que uno de sus personajes haga tal declaración podría significar, a los ojos de cualquiera, una opinión marcada por un sentimiento misógino y claramente machista… pero no es así. ¿Qué significa esta frase en su contexto? Estas palabras quieren decir que cuando alguien, específicamente una mujer, no tiene a nadie más a quien recurrir para sobrevivir, no le queda nada más que actuar al igual que el animal que cuida de sus cachorros, ponerse duro frente a la adversidad y resistirse hasta las últimas consecuencias: sobrevivir.

Si tomamos en cuenta lo último y nos vamos a la biografía de nuestro autor favorito, específicamente a su infancia y juventud, podemos encontrarnos con un detalle que marcará toda la vida de Stephen King y que además plasmará su visión respecto a las mujeres (pensamiento que mostrará en el desarrollo de sus personajes femeninos). Stephen King fue hijo de una madre abandonada por su marido, quien también mantenía a otro hijo, aunque adoptado. Su padre, en una ocasión, salió de casa para comprar cigarrillos y nunca más volvió. Ruth Pillsbury King, la heroica madre, tuvo que salir adelante con dos niños pequeños por sí sola, para darles a estos no sólo educación y alimento, sino el amor que nunca les faltó y que les otorgó una formación espiritual que más tarde se distinguiría en las obras del propio King. Posteriormente, durante sus años universitarios, el por entonces aún escritor aficionado, conocería otra mujer, Tabitha, quien se transformaría en su esposa y la madre de sus tres hijos; siendo además la segunda mujer más importante en toda su existencia.

Fue la madre quien le enseñó el valor del sacrificio frente a la adversidad, con su propio ejemplo, mientras que Tabitha fue la responsable de apoyarlo durante los difíciles primeros años de matrimonio, cuando King apenas lograba juntar dinero suficiente para mantener a su familia. En muchos ejemplos, una esposa no vacilaría en negarle a su marido sus sueños, optando por lo más inmediato, pero al menos King tuvo la suerte de encontrarse con alguien que en vez de opacarlo, siempre lo apoyó. Stephen King, pese a las penurias económicas seguía escribiendo, ocupando tiempo precioso en vez de conseguir un trabajo más estable; sin embargo, lo poco que sacaba por las ventas de sus cuentos a revistas a veces le servía para pagar una que otra cuenta. Tabitha era testigo de esto y no dejaba de alentar a su esposo y así fue como, gracias a ella, King logró vender su primera novela, Carrie, pues como cuenta la anécdota, ella rescató del tarro de la basura el desechado manuscrito del que King había renegado. Luego lo convenció de hacerle unas cuantas mejorías y así fue como todo comenzó a ir de mejor a mejor. Hoy Tabitha es la primera en revisar sus textos, y la más ferviente y objetiva crítica de cada una de sus nuevos proyectos.

Al considerar estos dos modelos de valiosas mujeres, no es raro encontrar en la literatura de King a personalidades femeninas con similar fuerza espiritual, aguerridas y constantes en sus ideales. Ya desde su primera novela, Carrie, se observan prototipos de mujeres de fuerte carácter y muy bien delineadas en cuanto a la verosímil construcción de sus personalidades. En muchas ocasiones, en King, será un personaje femenino el que tendrá el mayor peso de la trama, el personaje que se convertirá en el héroe anónimo de turno o uno de los principales responsables en que el protagonista masculino puede sobrellevar los difíciles momentos a los que se enfrentará.

Por lo general, los personajes femeninos de King siempre destacan por un cierto aire de heroínas trágicas, seres que a veces llegan a aprovechar los elementos masculinos de su interior pero sin perder su feminidad. Ya con Carrieta White, la adolescente protagonista de su ópera prima, se presenta a una niña-mujer que, solitaria, debe enfrentarse a un mundo hostil y desconocido para romper con el cerco moralista y opresor que otra mujer le ha impuesto: su enfermiza madre. El proceso de maduración y consolidación de la autenticidad por el que pasa esta joven es tal que, al darse su triste desenlace, el lector quisiera un destino mejor para la desgraciada protagonista. He aquí que no es difícil ignorar la empatía y compasión del autor hacia este tipo de mujeres; vidas difíciles que presenta en sus narraciones para que sepamos valorar a quienes tenemos a nuestro lado.

Así como la madre de King destacó por sus grandes virtudes maternales, en los libros y cuentos suyos se las puede identificar a estas extraordinarias mujeres sin mayores problemas. En su segunda novela, El Resplandor, es una madre quien tiene que vérselas contra la increíble maldad acumulada en un inmenso hotel que ha llegado a contaminar a su marido; de este modo, Wendy Torrance, encerrada bajo toneladas de concreto y rodeada por un vasto paisaje invernal, hará todo lo posible para salvar su vida y la de su hijo. He aquí el tópico de la mujer sola contra el mundo que aparecerá en los posteriores trabajos de este escritor en los años venideros.

Pero será otra madre la que lejos destacará como, quizás, uno de los mejores personajes femeninos de King: Dolores St. George, nombre de casada de Dolores Claiborne, protagonista de la novela homónima. Hasta el nombre resulta simbólico, con lo que King sigue una larga tradición literaria de proyectar en los nombres de los personajes sus virtudes o defectos. Dolores, cómo no olvidar las penurias por las que debe pasar esta mujer para por fin conseguir la felicidad, y lo que es más importante para ella, obtener la de sus hijos. La protagonista de fuerte carácter tendrá que salir airosa a un matrimonio con un degenerado y alcohólico marido. Pero Dolores no estará sola en sus miserias y triunfos, pues la acompañará su amiga Vera Donavan, con quien hasta su triste final compartirá el conocimiento de que a veces a una mujer no le queda más que ser una perra para sobrevivir y serán cómplices de sus más oscuros secretos. En estas dos endurecidas mujeres por tal verdad, el horror de lo cotidiano y la belleza del valor humano, se encuentran símbolos literarios de nuestra frágil pero victoriosa humanidad.

Durante la misma fecha en que King publicó Dolores Claiborne, a principios de la última década del siglo XX, apareció otra novela con protagonista femenino bajo su pluma. Me estoy refiriendo a la macabra historia de El juego de Gerald, una novela que guarda estrecha relación con las vicisitudes de Dolores Claiborne. Aquí ya no es una mujer tosca quien se ve obligada a convertirse en una perra, sino la sofisticada y hermosa Jessie Burlingame (otra vez el apellido encierra una especial significancia con la protagonista, por “game”, juego en inglés, en referencia tanto a los juegos eróticos de ésta y su esposo como por los juegos mentales de los que se valdrá Jessie para sobrepasar su extraño cautiverio). Ésta se encuentra sumida en el oscuro viaje interior al que su también marido la ha arrastrado, al esposarle ambas manos a la cama que compartían en su apartada cabaña de veraneo. Durante los sadomasoquistas juegos sexuales de esta pareja, el marido muere frente a los ojos de Jessie, quien no cuenta más que consigo misma para salir de en medio de la situación en la que se encuentra.

A medida que el tiempo transcurre, y el tormento de Jessie aumenta, una serie de voces femeninas comienza a cobrar vida en su mente; al igual que el antiguo coro de las tragedias griegas, estas voces que responden a personalidades de otras mujeres que en el pasado tuvieron algún tipo de relación con la protagonista, representan el inconsciente colectivo de nuestra humanidad. Las virtudes y miserias de su vida pasarán frente a sus ojos permitiendo que Jessie se reencuentre consigo misma y, además, logre perdonarse/redimirse luego de años de cargar con el duro peso de un oscuro incidente de su niñez. Por otro lado, las voces femeninas que le acompañan durante su martirio interior fácilmente podrían ser identificadas como la humanidad fragmentada en sus múltiples aspectos, de toda mujer. Frente a esto último, podemos recordar lo que King dice en el libro: «Las mujeres solas en la oscuridad son como puertas abiertas…y si ellas se desgañitan pidiendo auxilio, quién sabe qué turbaciones pueden suscitar».

Entre este último libro y el anterior, su autor establecerá en sus páginas un increíble nexo que unirá los destinos de Dolores y Jessie como hermanas frente a la tribulación. Ambas sufren como víctimas de un mundo hecho por los egoísmos masculinos y su brutalidad. Sin embargo, es el lector quien tiene que descubrir esta confraternidad de sangre entre ambas protagonistas.

En 1995 sale a la venta El Retrato de Rose Madder, la historia de Rose Daniels, quién luego de sufrir por años los martirios inducidos por su psicópata marido, inicia un viaje físico que la lleva a otra ciudad, a conocer nuevamente la independencia y a encontrarse con el extraño retrato de una mujer en un prado: Rose Madder. Mientras Rose Daniels reemprende su vida, conoce a un grupo de mujeres que viven en un refugio para féminas maltratadas que se convierten en su compañía, y hace lo posible por deshacerse de una vez por todas de su ex esposo que no la quiere dejar tranquila. Entra en contacto con el mundo de lo sobrenatural del cual la pintura que ha comprado es uno de sus portales. La figura del cuadro es nada menos que la representación del cúmulo de rabia, odio y frustración de cada una de las mujeres que ha tenido que vivir en carne propia la incomprensión y la violencia de los hombres responsables de todas las tragedias por la que la historia ha pasado. La extraña Rose Madder será entonces el alter ego de la otra Rose, y a través del ajustamiento de los actos criminales de Norman Daniels (actos repudiables que tantas mujeres sufren diariamente de forma continua y anónima, sin siquiera una fuerza vengadora que las salve y repare esos actos cometidos contra ellas) se estarán equilibrando los principios femeninos y masculinos, así como también purificando del holocausto a todas estas silenciosas víctimas.

King nunca hace de sus personajes del otro sexo a seres planos, ni unidimensionales; aparte de los ejemplos ya nombrados, es fácil encontrarse con seres complejos, llenos de aristas ricas en múltiples lecturas. Un buen caso es lo que se presenta en la figura de Odetta Susannah Holmes, parte del grupo que acompaña a Roland de Gilead durante su camino hacia la Torre Oscura, en la famosa saga del mismo nombre. Cuando al final del primer tomo se le informa a Roland a través de las barajas del tarot que uno de sus compañeros será La Dama de las Sombras, no se le está dando un título gratuito a dicho personaje, puesto que, además de ser una mujer de raza negra, en esta persona conviven de forma caótica la personalidad de dos mujeres: una pacífica, dulce y complaciente (Odetta) y la otra peligrosa, violenta y resentida (Detta Walker). Antes de que se restablezca la armonía en el interior de esta mujer dividida y aparezca una Susannah que llevará dentro de sí lo mejor de los anteriores temperamentos, se dará testimonio de la lucha interna que todo individuo lleva dentro de sí. Por medio de este personaje, Stephen King juega con la ambivalencia y las contradicciones del espíritu humano. Sólo el amor y el autosacrificio son capaces de superar esta enfermedad de nuestras almas y por eso por fin logra surgir una Susannah ya lavada de sus pasados tormentos. De este modo, se ha producido la aceptación de uno mismo y se ha dejado de tirar al basurero del inconsciente las vergüenzas personales, tal como la misma Jessie Burlingame aprendió a hacerlo luego de su experiencia en la soledad de su cabaña de veraneo.

Si bien Susannah fue capaz de conseguir la redención, no resulta así con otro famoso y poderoso personaje (esto último en cuanto a la especial configuración que hace Stephen King al crearla) como resulta ser Annie Wilkes, la psicópata de Misery. He aquí una mente femenina totalmente retorcida, en la que convergen de forma a veces hasta caricaturesca, pero sin perder nunca su tenebroso realismo, lo peor de toda mujer. La Wilkes es para su victimario, el escritor de novelas rosa Paul Sheldon, la madre castradora que lo castigará por sus “pecados”. Resulta imposible olvidarse de los momentos en los que esta ex enfermera demuestra su desequilibrio en pequeños pero significativos detalles, aparte de las numerosas atrocidades que comete, con lo que en esta ocasión los papeles se invierten y la figura de la mujer por esta vez llega a encarnar el monstruo interior que todos llevamos dentro. La pérdida de los valores morales y de una conciencia capaz de frenar los impulsos bestiales, son los responsables de que seres como Annie Wilkes anden entre nosotros, ocultos bajo la máscara tierna de sus semblantes engañosos.

Aunque no se le puede poner dentro del mismo grupo de abominaciones humanas a Roberta Anderson, la dura mujer que aparece en The Tommyknockers, de algún modo este personaje nos recuerda a Annie Wilkes y Odetta Walker en su carácter férreo y rudo. Una personalidad que raya en la androginia, debido a su masculinidad, es lo que la hace uno de los pocos individuos, junto a Jim Gardener, en resistirse aunque sea por un tiempo a los malignos influjos de los alienígenas que asolan al pueblito de Heaven (bueno, aparte de las tapaduras metálicas que lleva en su dentadura, que hacen de barrera contra el dominio mental de estos). He aquí a otra mujer resistiéndose a las vicisitudes de la vida, al mal, tal como muchas otras de ficción y reales, por mucho que no salga bien parada en el final de sus días. Pero la fuerza de voluntad femenina de Roberta no es la única entre sus pares en Heaven, también está la mujer policía Ruth McCausland, con quién comparte muchos aspectos, aún cuando ambos personajes nunca logran cruzarse a lo largo de esta inmensa novela.

Esta voluntad de vivir y temperamento avasallante, destacará mucho mejor en el caso de la joven soltera embarazada de la novela corta El Método de Respiración, Sandra Stansfield. Aquí el escritor trata los antiguos prejuicios tradicionalistas de la sociedad puritana norteamericana, bajo los cuales una desamparada mujer como ésta debe luchar para sobrevivir y defender su derecho a ser ella misma. Al igual que Dolores Claiborne y Wendy Torrance, Sandra Stansfield dará hasta su propia sangre por su descendencia.

Aún cuando una novela de corte épico como lo es The Stand (Apocalipsis o La Danza de la Muerte en castellano), está poblado de numerosos personajes, entre ellos al menos unas tres mujeres jóvenes que serán de vital importancia en el desarrollo de los acontecimientos de esta novela-río (por cuanto aquí se nos cuentan varios sucesos aislados de varios individuos que tal como los ríos al final se juntan en un mismo punto: el mar). Será una anciana la que se convertirá en el mayor y más fuerte personaje femenino de esta obra: la centenaria Madre Abigail, una mujer negra que hace de representante de Dios para las huestes del Bien, en un mundo desolado por la devastación, tiempo antes de la lucha final contra la encarnación del Mal puro que es Randall Flagg. Esta vieja sabia y bondadosa es el cúmulo de lo mejor del espíritu humano y de las mujeres mismas; una santa que iluminará a cada uno del resto de los sobrevivientes de la catástrofe mundial abanderados por el bien. Bajo la figura de la Madre Abigail, King deposita su educación religiosa al hacer de este personaje su versión personal de los héroes bíblicos y santos medievales, con lo que el mundo casi maniqueo de The Stand se completa y también complementa al lado de la malévola figura de Randall Flagg. Pese al carácter inmensamente espiritual de esta mujer, el personaje en cuestión nunca pierde su humanidad. Una vez que se produce el desenlace respectivo para el personaje de la Madre Abigail, resulta difícil no emocionarse frente a la fragilidad y belleza interna de esta maternal heroína; con su despedida, la anciana deja “libres” a sus numerosos hijos para que recuperen el dominio sobre la Tierra y sean lo suficientemente maduros como para emprender solos el viaje que los llevará hasta la Guerra Santa contra el Mal.


Aún cuando considero que lejos el mejor personaje femenino de King es la mismísima Dolores Claiborne, no puedo dejar de lado a la niña piroquinética de Ojos de Fuego, Charlie McGee, la verdadera heroína de esta novela. Que un autor hombre conozca lo suficiente a las mujeres como para crear con gran verosimilitud tantos personajes femeninos tan llenos de humanidad, resulta plausible a la hora de demostrar su maestría como narrador; sin embargo, esta dote literaria se muestra acrecentada por su capacidad de “darle vida” a una pequeña mujercita bajo cuyos hombros deposita gran peso del conflicto presente en esta novela. Charlie no sólo es creíble como niña que se ve obligada a madurar antes de tiempo, sino que también se constituye en uno de los mejores ejemplos de tantos personajes infantiles de este escritor. Junto con la otra pequeña heroína que resulta ser Trisha McFarland en La Chica Que Amaba a Tom Gordon, Charlie McGee resulta ser un símbolo no sólo de la mujer, sino también de todo representante del género humano que pese a los infortunios y a las pruebas de la vida, es capaz de superar los obstáculos para salir sin mácula, sin corrupción alguna adelante.

Que un hombre trate a sus personajes sin ánimos de sexismos ni prejuicios, creo, dice mucho acerca de su persona. En uno de los tantos documentales que se han hecho sobre King, se contaba que poco después de la muerte de su madre, a sólo días de que se publicara su primer libro, se enteró que el dinero que ésta le hacía llegar para ayudarlo a él y a su familia durante los días de adversidad, muchas veces correspondía a lo único que ella tenía; por esta misma razón, la madre de Stephen King en más de una ocasión se quedó sin nada para ella. No cuesta imaginarse el dolor de Stephen King al enterarse de esto, quien poco después se transformó en un multimillonario… De este modo, en cada mujer que crea este autor, en cada ejemplo de maternal humanidad que recrea en sus páginas, tal como en Dolores Claiborne, es fácil darse cuenta del homenaje que hace a la memoria de su madre (bueno, esta misma novela se la dedicó a ella).

No se le puede catalogar como a un autor feminista, puesto que esta ideología también cae en la exageración y un partidismo sexista, aparte de que resulta más que contradictorio ser hombre y feminista a la vez. Pienso que lo que hace King en sus textos es darle simplemente a la mujer el papel que le corresponde, el de compañera, madre, hermana y amiga; el de baluarte de las virtudes que todos llevamos como especie humana y que según sea el sexo, toma su particular forma.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

1 comentario:

  1. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dice la nota. Personajes como Dolores Claiborne y los otros nombrados nos demuestran lo alejado del machismo de la mentalidad de este autor, la alta estima en que tiene a las mujeres y que las considera sus iguales. En otras obras ha sabido poner sobre el tapete, a veces incluso de forma secundaria, problemáticas del machismo, como el aborto de Cat, un personaje de su guión televisivo "La tormenta del siglo". El novio le reprocha haber abortado, y ella l dice algo así como "claro, ahora que ya no está resulta que también era tuyo". Lo único que me gustaría corregir de la nota es que tienen un concepto equivocado del fminismo, pues se lo está calificando como sexismo, como si el feminismo fuera el machismo de las mujeres. En todo caso, tal cosa se llamaría hembrismo. El feminismo significa igualdad, no la supremacía femenin, y también lucha por revertir los aspectos negativos que con que el machismo afecta a los hombres (como ser considerados los principales proveedores del hogar, o no tener la libertad de llorar o demostrar sus sentimientos abiertamente sin ser mal vistos, etc.); por tanto es errado decir que es contradictorio qu un hombre sea feminista. El feminisno es igualdad y para todos los géneros.

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