RESEÑA: Husk (2011), Brett Simmons


Por Martín Ferreira.

Es asombrosa la cantidad de películas de terror que salen por año. Los festivales se han convertido en cunas fructíferas para muchos proyectos independientes. No todos son tan buenos como quisiéramos, pero pocos logran destacarse.

Se agradece que Husk  logre salir airada luego de echar mano de un montón de elementos comunes. En los primeros minutos uno alcanza a proponerse un desafío personal: adivinar lo que sucederá en la siguiente escena. Parece sencillo: un grupo de jóvenes se accidentan en los límites de un maizal poblado de espantapájaros y deciden buscar ayuda en la solitaria casa que se erige en medio del cultivo. Demasiados elementos comunes juntos. Sin embargo, la sapiencia de los realizadores logra arruinarnos el pretencioso juego que nos hemos propuesto: lo que olía a copia barata de slasher setentero se convierte en una inesperada mixtura entre espectros y muertos vivientes. La película va plantando dudas a medida que avanza y nos obliga a abrir los ojos y permanecer expectantes. Los muchachos están bloqueados en esa propiedad. Algo habita en el maizal y su única forma de escapar es atravesándolo. Aquello les costará la vida de una forma insospechada. Husk propone variaciones pequeñas pero sustanciales en cuanto al funcionamiento de este tipo de historias. Eso es lo que la salva y la convierte en una película menor digna de ser vista.


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