RESEÑA: Fuego frío (Cold Fire), Dean Koontz.


Fuego frío es la cursilería hecha terror.

Tenemos a Holly Thorne, una periodista desencantada que se topa con una serie de sucesos extraordinarios que tienen al mismo protagonista, un extraño sujeto que le ha salvado la vida a un montón de personas segundos antes de sufrir un accidente y perecer en alguna catástrofe. Se trata de Jim Ironheart. Holly decide seguirle la pista al esquivo héroe anónimo. Supone que es un clarividente, aunque Jim le llega a confesar, tras mucha reticencia, que sus visiones son involuntarias, que él no es más que una marioneta de una entidad más poderosa que le dice qué hacer, cómo hacerlo y cuándo actuar.

Holly es cándida, dulce y tenaz. Está empeñada en descubrir el secreto de Jim Ironheart porque —como era de esperarse— está perdidamente enamorada. Jim, por otro lado, es un tipo frío, solitario, estoico, regido por un extraño impulso salvavidas. La unión entre los dos es previsible: las pesadillas de Jim empiezan a afectar a Holly. Esta unión sobrenatural los lleva a conocerse y emprender, juntos, una búsqueda por la verdad. Lo que descubren es, sin duda, desconcertante, pero no es suficiente para salvar a este libro.

Es una novela sobre presagios y catástrofes adornada con un molesto color rosa que, en los años noventa, parecería estar mandado a recoger. Pero no. Las formulas y lugares comunes, que a veces resultan agradables, aquí destrozan la historia. No es aburrida, pero sí carece de encanto. Holly tiene como treinta años pero es imposible no imaginarla como una adolescente a la que le gustan las relaciones con mayores. La entrega total hacia Jim, esa anacrónica disposición a darlo todo por el hombre de su vida es ridícula.

Las expectativas que Dean Koontz genera en el lector son erróneas. Uno sabe, en más de una ocasión, que sucederá en dos o tres páginas más adelante. No sé si peca de predecible o de condescendiente para con los deseos del lector que, de vez en cuando, hay que destruir. Además, cuando parece que estamos en la recta final y nos lleva al tope de la emoción con la última batalla, regresamos al pasado, suavizando el final. No sé ustedes, pero cuando el final se avecina, las cosas solo pueden ir in crescendo hasta el desenlace. Y aquello de que en las novelas de terror los personajes son grandes lectores de literatura de terror... vaya, no es que sea malo, pero en ocasiones resulta insoportable.

Novela mediocre, plana, invisible para el género. Suspenso demasiado light, demasiado comercial para un género claramente comercial. Eso ya es decir mucho.

Sin embargo, al leerla tiene todo el potencial para ser adaptada a la pantalla chica, sobre todo en estos días en los que estamos presenciando la era dorada de la televisión. Pero vaya sorpresa: cuando buscas en internet te das cuenta de que hubo un intento para adaptarla, pero el proyecto se quedó en el tintero porque quisieron hacer unos cambios que los escritores —incluido Dean Koontz— no aceptaron. Podría intentarse de nuevo. Es una historia que calaría muy bien entre las propuestas que los innumerables canales nos ofrecen. Tal vez sea la única manera de salvar o darle visibilidad a este libro, por demás, prescindible. 

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

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