RESEÑA: Hijos del crepúsculo (Children of the Dusk), de J. Berliner y G. Guthridge

Por Alex Freyle.

Nada más para resaltar la naturaleza humana que  una isla, o si no que lo diga el doctor Moreau o la serie LOST. En este caso le toca a Madagascar; esta novela es ante todo como una planta carnívora, te va atrapando página a página en la vida de los personajes, que son llevados a la desesperación selvática. Napoleón lo había intentado y ahora el lugar es de Hitler: convertir a Madagascar en una isla para los judíos, ya que en Europa los millones de deportados no daban abasto y el costo de los centros aumentaba el presupuesto nacional. Eric, el coronel nazi encargado de la construcción de las primeras obras lleva en su enfermiza tripulación a unos presos judíos y otros oficiales y soldados con sífilis y una esposa en estado de embarazo, pero lo que más adora son sus pastores alemanes que tienen su propio entrenador personal. La muerte lenta de sus perros por parte de jabalíes y algunos judíos, llevan a Eric a enloquecer en el infierno isleño; además, la selva está dividida en varias tribus, dos de ellas antropófagas y otras que poseen luz propia como especie de hombres luciérnagas. Los diálogos  son muy enigmáticos, los autores de esta pesadilla nos llevan como una cámara subjetiva detrás de cómo va cada vez hablando Eric con su subconsciente creando monstruos a partir de  quienes lo rodean. Para los amantes de islas malditas y agobiantes como “El señor de las moscas” o “La tragedia del Batavia” este es el tercer laurel. Novela ganadora del prestigioso premio STOKER 2000.