RESEÑA: Frecuencia mortal (Joy Ride) - John Dahl, 2001



Por Martín Fante.

Parece que John Dahl, director de este agridulce thriller, quiso saber si el protagonista de Fast & Furious era el indicado para ponerse a jugar al gato y el ratón con un camionero maniático por las carreteras de Wyoming.

Lewis Thomas (Paul Walker) viaja con su problemático hermano mayor Fuller (Steve Zahn) rumbo a Colorado para recoger a Venna (Leelee Sobieski), amiga de Lewis. Juntos harán un viaje por todo el país a propósito de las vacaciones de verano. Durante el viaje se dedican a jugarle bromas a los camioneros a través de una radio de bandas. Una de estas jugarretas, sin embargo, sale mal. Lewis se hace pasar por una mujer e invita a un camionero que se hace llamar «Rusty Nail» a pasar una noche en el cuarto de un motel donde se hospeda un sujeto. Los dos chicos, en el cuarto contiguo, ven llegar al camionero, quien se encuentra con la desafortunada sorpresa. Pero la broma no queda allí: el camionero mata al sujeto y huye. Lewis y Fuller deciden olvidar el asunto y continuar su viaje, ero Rusty Nail se ha enterado de que ellos le han hecho la broma y ha decidido vengarse. Allí comienza una obsesiva persecución en la que pronto se ve involucrada Venna. Los dos chicos no conocen al camionero. Están en la carretera y puede ser cualquiera. 

Es un thriller agridulce porque al terminar, amarla u odiarla parecen dos opciones válidas. La película demuestra que se puede hacer buen suspenso con sencillez y buen ritmo. Aunque a veces es inevitable adivinar lo que sucede a continuación de algunas escenas, no deja que la atención se desvía de la pantalla. Los colores son fantásticos y conserva el espíritu de esos ya conocidos escenarios del género: moteles, gasolineras y bares de carretera. Es, claramente, uno de los herederos de Fuel, aquella trepidante road movie de Steven Spielberg. La angustia por la aparición del camionero se acrecienta conforma avanza la película y vaya que lo hace de las maneras más insólitas. Y es allí donde la cinta deja un sabor amargo, pues muchos de sus métodos para acechar a los protagonistas son totalmente inverosímiles y generan preguntas que jamás se resuelven: ¿cómo averiguó que ellos le hicieron la broma? ¿Cómo supo sus nombres? ¿Cómo llega tan rápido a los lugares donde arriban los jóvenes? Gracias a Dios la historia es tan entretenida, ya sea por la tensión o la estética, que permite ignorarlas y seguir adelante. El final puede ser decepcionante para algunos, pero a mí me encantó. No siempre es bueno satisfacer todas las expectativas.