Once (Eleven), de Patricia Highsmith


Todos los de su época, o por lo menos la mayoría, coincidieron en que Patricia Highsmith era una misántropa. Ella no hizo demasiado para refutar tal afirmación: trabajaba mejor en solitario. Su figura es aquella de escritora oscura, turbulenta, aislada, gozando de la compañía de sus gatos y caracoles. Estas viscosas criaturas parecían fascinarle, lo que explica la presencia de ellas en dos de los once cuentos que componen esta colección, titulada sin muchos ambages como Once.

Como es costumbre en su narrativa, los personajes de las historias son seres marginales, problemáticos y de naturaleza singular y compleja, frisando lo caótico. Son hombres y mujeres que viven en los límites y están condenados a vivir situaciones de la misma naturaleza. Tenemos, por ejemplo, al extraño Peter Knoppert y su fascinación con el apareamiento de los caracoles en «El observador de caracoles». O la obsesión de Lucille en «La heroína», con un inquietante por ser servicial con sus patrones. O el pequeño Victor en «La tortuga de agua dulce», oprimido por su madre hasta llevarlo al límite de su paciencia. Todos estos personajes deben vivir historias que se encaminan a un final indeseable. Patricia Highsmith no anda dándole faltas esperanzas al lector: sus personajes están destruidos desde que los conocemos y solo presenciamos la recta final de sus caóticas vidas.

Es una colección interesante, un poco envejecida en cuanto a los mecanismos que usa para generar tensión. Si bien sabemos de antemano para dónde van las historias, la autora no deja de hacer gala del eterno e inmortal giro de tuerca al final de las historias. La tensión puede perderse en ocasiones, pero las sorpresas finales todavía funcionan en la mayoría de cuentos y eso es algo muy valioso.

Podríamos repasar la sinopsis de cada cuento, pero la prosa de Highsmith es apretada, concisa, y no perdona ningún tipo de resumen. Cada pieza que compone estos cuentos es esencial. Por eso cabe destacar las mejores historias. Aparte de las mencionadas anteriormente, que son verdaderas joyas del suspenso, podemos agregar «Cuando la escuadra llegó a Mobile», «Gritos de amor», «Los bárbaros» y «La pajarera vacía», esta última justificando el género bajo el que muchos ubican este libro.

Se supone que Once es un libro con cuentos de terror, pero logra escabullirse de esa categoría. Si vamos al terror al que estamos acostumbrados, los cuentos con caracoles (el otro es uno sobre caracoles gigantes en una isla) encabezarían la lista al buscar producir repulsión. «La pajarera vacía» desencadenaría la angustia frente a una amenaza desconocida y «La tortuga de agua dulce», bueno, es la muerte en su forma más cruel e inesperada. Los demás se mueven más en el suspenso convencional, de aquel que es más común encontrar en las novelas de crimen, como las que llevaron a Patricia Highsmith a la fama.

Para los amantes del género que busquen las emociones que el terror brinda, podría resultar un libro regular. Es recomendable acercarse a él como una colección de relatos variopintos que no pretenden asustar sino poner en vilo al lector.


Highsmith, PatriciaOnce; traducción de P. Elías. Barcelona, España: Editprial Planeta, 2001.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

1 comentario:

  1. De esta autora he leído El talento de Mr Ripley y Extraños en un tren (la versión cinematográfica de Hitchcock es imprescindible -yo es que soy una entusiasta de ese director-) que me gustaron. También leí Crímenes bestiales que no me gustaron mucho, pero era jovencita jejeje quizá ahora sí lo harían
    Un abrazo!

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