Fiebre de sangre (Blood Fever), de Shelley Hyde


Estas portadas tan llamativas y vistosas me resultan muy atractivas. Siempre he deseado que libros con esta calidad visual se vieran más a menudo en la narrativa de terror en español. Sin embargo, el riesgo a ser engañado por el ojo aumentaría y nos encontraríamos con historias que no hacen el más mínimo honor a la ilustración que la antecede. Esta novela es un ejemplo claro.

Fiebre de sangre nos vende una historia prometedora. En un pacífico pueblo llamado Broughton, se desata una especie de extraña epidemia. Es algo que están convirtiendo a las mujeres en criaturas sádicas y ávidas de muerte. Solo las afecta a ellas. Se manifiesta como una fiebre y un enrojecimiento en el cuello aparentemente inofensivo, pero cuando el problema se agrava es demasiado tarde. Y son los hombres quienes deben temer por sus vidas. Caer en las garras de estas criaturas será lo último que lamentarán. La novela abre sus puertas con un violento y trepidante ataque de una mujer a su esposo, una escena que nos hace leer con los ojos abiertos y crea muchas expectativas. Pero hay que ser muy habilidoso con la pluma para desinflar una historia a las pocas páginas y decidir continuar desarrollándola tan torpemente, botando a la basura un argumento con potencial.

A grandes rasgos, Shelley Hyde intenta construir una novela coral —cosa arriesgada ya que no es una historia tan extensa: apenas 154 páginas—: tenemos desde científicos hasta periodistas, pasando por el obligado comisario del lugar y el alcalde corrupto. Sin embargo, nunca termina por escoger a los portavoces de la historia. En novelas de este tipo podemos conocer lo que sucede desde diferentes puntos de vista. Para esto hay que definir a los personajes que llevarán la batuta, otorgarles personalidades interesantes, buenos conflictos y reacciones ante la situación a la que se enfrentan y permitir que reaccionemos con ellos. Shelley Hyde, lastimosamente, no termina por definir ninguno de estos detalles y sus personajes se vuelven simples maniquís, siluetas de cartón que van de allá para acá sin ninguna función trascendental más que decir sus parlamentos. Asimismo, propone una simultaneidad de historias que convergen en un punto —el horror que se desata en la ciudad— pero al no tener bien definidos a los protagonistas de estas historias individuales la novela se dispersa, se desorganiza y no termina de encajar. En el desarrollo de la historia se vislumbran potenciales conflictos por intereses personales desatados por el horror que se vive en Broughton —entre ellos una tormentosa relación homosexual entre dos de los personajes clave—, pero la autora los desaprovecha descaradamente, ignorando uno de los pocos salvavidas que podrían evitar el hundimiento en el olvido de esta novelita.

Es una obra artificial, deshonesta e inverosímil que no conecta con el lector. Cuesta trabajo leerla con agrado. La prosa tropieza. Me queda imposible culpar a Shelley Hyde en este aspecto, ya que no la he leído en inglés, por lo que la responsabilidad debe recaer sobre una indeseable traducción de Domingo Santos, cosa que me sorprende, ya que es una figura importante y con experiencia dentro de la literatura fantástica, en especial la ciencia ficción española, como traductor y como escritor.

Hacia el final parece tomar ritmo, pero desafortunadamente ya ha sido suficiente de esta lectura tan tediosa. Para ese momento uno ya desea terminar la novela de una vez por todas. Es una lástima que una historia tan sencilla pero atractiva como esta se precipite al vacío del olvido de manera irremediable. 


Hyde, Shelley. Fiebre de sangre; traducción de Domingo Santos. Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1983.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

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