viernes, 15 de agosto de 2014

El buque de la noche (The Night Boat), de Robert McCammon


A veces me pregunto en dónde quedaron las historias clásicas de muertos vivientes. No me refiero a las obras literarias que se escribieron en el pasado, pues siguen estando entre nosotros. Me refiero a la concepción primigenia de estas criaturas. Parece que ya no hay campo para creer en supercherías como el vudú. La ciencia ha ido ganando terreno sobre nuestra naturaleza supersticiosa que, al fin de cuentas, es la que alimenta el género literario al que se dedica este blog: el miedo, el horror, lo fantástico. Ahora los zombis se han vuelto sinónimo de pandemias, ciudades devastadas o, peor aún, mundos apocalípticos.

Es por esto que los zombis de ahora no me interesan. Ni la explosión de esas novelas que hubo hace poco llamó mi atención ni por un momento. Todo se ha vuelto repetitivo: un mundo al borde de la extinción, un grupo de sobrevivientes y una horda de zombis, que son quienes se llevan todo el premio y la espectacularidad en este tipo de obras actuales. Además, todo es frenético, desbocado;  historias que corren cada vez más rápido buscando un desenlace que no es más que la apertura a otro libro de la misma índole, reproduciéndose en una saga una y otra vez. Si de eso se tratan los zombis ahora, prefiero dejarlos a un lado y mirar para atrás, en donde parecen haber quedado las buenas historias.

El buque de la noche es una de ellas.

La historia es bastante sencilla: David Moore, un hombre solitario que regenta un pequeño hotel en la isla de Coquina, descubre accidentalmente un submarino alemán mientras bucea a varios metros de la costa. El hallazgo despierta en los habitantes una sorpresa que paulatinamente se va convirtiendo en alarma. Hay algo extraño en esa mole de metal que ha salido a la superficie tan de repente. Mientras David Moore y el jefe de policía del pueblo, Steven Kip, desean explorar el artefacto, los lugareños prefieren alejarse de él. Un insólito martilleo reverbera en su interior. Algo permanece vivo entre los mamparos. Su regreso anuncia un fatídico presagio, pues tras la aparición del navío, insólitos y sangrientos acontecimientos empiezan a ocurrir en la población. Las creencias ancestrales del vudú que gobiernan buena parte de la isla parecen ser la salvación, pero también parecen ser la causa del terror que se desata en la isla. El submarino, sinónimo de muerte y destrucción, ha salido del fondo del mar para terminar lo que cuarenta años atrás empezó.

Esta es la segunda novela que escribió Robert McCammon, pero fue la tercera que publicó. El autor decidió prohibir la reedición de sus primeras cuatro obras, pues le pareció que eran de menor calidad que sus libros posteriores. No sabría decir si es verdad o no, pero sí puedo afirmar que es una novela de terror bastante sencilla, pero no por ello mala. Es horror en su estado más puro y tradicional. Recuerda un poco a La niebla, de John Carpenter. Las criaturas que desatan el miedo entre los habitantes bien pueden ser fantasmas, aunque en el libro aparecen como zombis. Entonces descubro que estoy leyendo una novela de muertos vivientes que pasa por encima de muchas otras obras de la actualidad. En esta época atiborrada de cadáveres andantes que parecen no tener nada nuevo que ofrecer, El buque de la noche resulta ser un respiro aliviador. La historia se va desenvolviendo lentamente, liberando el misterio en pequeñas dosis, recuperando, en buena medida, la naturaleza supersticiosa que por tantos años estuvo ligada a los no-muertos, pero revitalizándola con un elemento novedoso en lo que al origen del zombi se refiere: la aparición del submarino alemán. Enfrenta las creencias ancestrales del vudú con la naturaleza fantasmal de la nave y se preocupa de igual manera por sus personajes y por sus no-muertos. Es una novela de zombis diferente, inteligente y estremecedora. Exótica por sus paisajes caribeños en el día, opresiva por sus escenarios nebulosos en la noche y desgarradora por sus escenas viscerales.

¿Por qué ya no se ven tan a menudo historias así? Parece que temieran alejarse del tipo de zombi con el que George A. Romero se ha hecho famoso durante su carrera. Si me dicen que no funcionaría, no estaría tan seguro en apoyar esa sentencia. Si bien el lado sociológico del muerto viviente que ahora es tan popular —como metáfora de las masas consumidoras y autómatas en las que nos hemos convertido— ha llevado a esta proliferación de novelas que, más que de terror parecen de acción, creo que la concepción primigenia del muerto viviente todavía es capaz de estremecer. El buque de la noche es una novela relativamente contemporánea y demuestra que puede horrorizar en el sentido más tradicional del género sin tener que retroceder en el tiempo. Al fin de cuentas el ser humano sigue temiendo a lo desconocido y su capacidad de imaginar permanece viva. La mentalidad naturalista nos ha arrebatado muchas veces ese privilegio, pero no lo hemos perdido. Es imposible. La irrupción de lo extraño en el orden natural de nuestro mundo supondrá siempre el despertar de nuestros temores. Entonces no es difícil imaginar una novela de zombis a la vieja usanza ahora mismo. 


McCammon, Robert. El buque de la noche; traducción de Nuria Lago Jaraiz. Barcelona, Ediciones B, 1993.

1 comentario:

  1. Tiempo sin saber de ti ¿Has visto los últimos comentarios que te he dejado? Tenía muchas ganas de leer este post tuyo, justamente gracias al cual tuve el gusto de conocer tu blog. Pero tuve que esperar terminar esta gran novela y escribir mi propia critica suya como para ver tu opinión sobre tan recomendable obra. En mi caso eso sí, también me gustan muchos los zombies apocalípticos, je. Saludos desde Chile.

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