Historias para leer a plena luz (Stories to be Read With the Lights On), editado por Alfred Hitchcock




Historias para leer a plena luz reúne 37 historias de variados autores, algunos que he reconocido fácilmente como Frederic Brown, Roald Dahl y William F. Nolan, y muchos otros que apenas oigo mencionar, cosa maravillosa, porque uno de los factores que me atraen de las antologías es, precisamente, leer autores raros, desconocidos, y no caer siempre en el lugar común. Muchos de los cuentos de la antología hablan de asesinatos, robos, crímenes de todo tipo, investigaciones policiacas, y uno que otro relata sucesos sobrenaturales.

Es una antología entretenida, interesante, emocionante, pero no es uniforme en cuanto a la calidad de los cuentos. Muchos de ellos decepcionan, son flojos y previsibles. Pero no culpo a los autores. Pienso que el problema radica en que ha pasado bastante tiempo desde que estas historias vieron la luz por primera vez en las revistas norteamericanas del género como Weird Tales o Ellery Queen Mistery Magazine. Muchas de estas historias datan de los años 50’s o 60’s, se han trabajado una y otra vez a lo largo del tiempo, las hemos visto en cine y en la literatura abordadas de diferentes maneras, y al leerlas en pleno siglo XXI, nos damos cuenta que han perdido vigencia y que el potencial que tuvieron para sorprender al lector ahora es mínimo. Sin embargo, no deja de ser una gratificante experiencia redescubrirlas.

Independientemente de lo predecibles que lleguen a ser algunos, hay que reconocer que los autores que figuran en la antología son verdaderos maestros a la hora de tejer misterios. Son cuentos que nos ofrecen un excelente manejo de las técnicas narrativas para generar tensión, y en las que se aplica aquello que dice Antón Chejov: si una pistola aparece en la primera escena de una obra, debe ser disparada antes de que termine.

Son buenos cuentos para leer antes de dormir, aunque no necesariamente a plena luz. Con la lámpara de la mesita de noche puede ser suficiente. Que no los asuste el título, las historias del libro no son terroríficas en ese sentido; el horror que aquí se maneja no es el de los fantasmas ni los vampiros, sino más bien el horror perteneciente a nuestra realidad, ese que puede apoderarse de alguien que secuestran y están a punto de asesinar, o el horror de una mujer siendo acosada por un maniático asesino.

Mis cuentos favoritos de la antología son:

«El vencimiento de la hipoteca de míster Mappin», de Zena Collier: un trabajador frustrado planea un asesinato y lo comete a la perfección, pero las cosas salen mal poco después de lograr su objetivo.


«La patrona», de Roald Dahl: un viajero desea hospedarse en un buen hotel. Un lugareño le recomienda el mejor, pero camino allá se deja seducir por una pequeña y acogedora posada, atendida por una mujer amable… quizá demasiado amable para que la posada esté sola. ¿En dónde están los demás huéspedes? Este es un cuento que demuestra que para aterrorizar basta con sugerir y dejar que la imaginación haga el resto.

«El montón de arena», de John Keefauver: momentos antes de que se realice el concurso de esculturas de arena ha aparecido un montón de arena en la playa. No tiene dueño, no es una escultura a medias, nadie se atreve a deshacerlo y ni la marea puede eliminarlo. ¿Qué hay debajo de él? ¿De dónde provino? Algo en ese montón de arena produce fascinación, pero nadie se atreve a moverlo.

«Momento crítico en el doble cero», de Warner Law: en un importante casino se desarrolla un emocioannte juego de ruleta en el que un hacendado extravagante y su joven esposa,q ue acaban de contraer matrimonio empiezan a ganar cada partida y a apostar con dinero en efectivo. Algo demasiado bueno para ser verdad. La insólita situación será el reto de Sam Miller, el nuevo croupier¸ quien deberá manejar la insólita situación.

«Los años amargos», de Dana Lyon: la historia no es la gran cosa. Trata de una mujer que comete un asesinato. Sin embargo, la estructura narrativa es perfecta. Es un cuento de misterio construido bastante bien.

«Asesino en la autopista», de William P. McGivern: para mí, el mejor cuento de toda la antología. Es la emocionante y trepidante historia de un asesino que huye de las autoridades, solo que toda la acción se desarrolla en una autopista de no más de 126 kilómetros. Es el más extenso de la antología, pero cada palabra es la justa y necesaria. Uno de los más emocionantes cuentos que he leído jamás.


«El juego de la adivinanza», de Rose Million Haley: un niño bastante perverso tiene una cajita en la que oculta algo y decide jugar con su nueva nana a las adivinanzas. Solo tiene tres posibilidades para preguntar qué hay dentro de la caja antes de que su mente empiece a sugerirle macabras posibilidades.

«Eh, tú que estás allá abajo», de Harold Rolseth: un granjero y su esposa, mientras trabajan abriendo un pozo en su propiedad, descubren una raza de seres que viven debajo de la tierra. Ambas especies se desconocen entre ellas, pero entablan una relación de intercambio: los granjeros les darán comida y ellos la pagarán con oro. Un negocio indudablemente rentable, hasta que la ambición haga lo suyo.

«Christopher Frame», de Nancy C. Swoboda: un anciano que añora el pasado descubre que puede viajar a épocas anteriores a través de las fotos que le dejan sus clientes para que retoque y enmarque.

«El loco de “La mama ganso”», de Betty Ren Wright: un esposo toma represalias cuando una editorial rechaza el manuscrito de su esposa.

Pueden ver toda la lista de los cuentos de esta antología aquí.


Hitchcock, Algred. Historias para leer a plena luz; traducción de José M. Pomares. Barcelona, España: Editorial Pomaire S.A., 1980. 

Comentarios

  1. Excelente reseña, Mauricio.
    De Alfred Hitchock tengo en mi bilbioteca personal "Prohibido a los nerviosos", de Editorial Bruguera, editado hace una pila grande de años (le falta la 1º página, previa la introducción de Alfred, donde están los datos de la edición...), con veinticuatro cuentos de suspenso compilados por el gran Hitchock.
    Recuerdo que lo compré hace como quince años, más o menos, atraído por el título; pero al leerlo me encontré con historias previsibles, que no tenían todo el suspenso que yo buscaba. De todas maneras, finalicé el libro y leí todos los cuentos. Ese, "Prohibido a los nerviosos", sí que no lo recomiendo, je.
    ¡Saludos!

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    1. Vaya casualidad. Yo tengo ese de "Prohibido a los nerviosos" y lo dejé a medias. No me pareció tan bueno como pensé, y eso que hay más cosas de tinte fantástico. Quiero terminarlo, pero ya me pusiste a dudar jajaja.

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  2. Falto uno de un señor que mata a su esposa y la echa al rio, unos cangrejos la sacan y la comen, no recuerdo el nombre, pero venía en ese mismo libro

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