¡Cuidado lector! Usted está a punto de llevarse un susto…




... de sentir Escalofríos. Así era la advertencia que venía al final de la sinopsis de los libros, y en la serie era lo mismo, sólo que en vez de «lector» decían «espectador». Una frase mítica, en especial para todo aquel que disfrutó de esta maravillosa creación en los noventas.
 
Y no podría estar tranquilo hasta no hacerle un pequeño homenaje a estos libros que me cautivaron y, de paso, recordar los buenos tiempos.

¿Cómo llegué a ellos? Recuerdo bien que me encantaba la serie que transmitían en Fox Kids (¡Dios, cómo extraño ese canal!), cuando aún no había mutado en esa mierda llamada Disney XD, y que alguna vez transmitieron en un canal privado local, pero antes de esto…

El cable, en ese entonces, era un proceso que comenzaba a popularizarse en Cali. Antes de que empezaran a aparecer las empresas de cable en la ciudad y la gente comenzara a solicitar la instalación, yo me deleitaba con lo que acá en Colombia se conoce popularmente como «Perubólica». Todos esos canales peruanos eran el cable que veía de niño, en los que encontraba a Los 3 chiflados, Tom y Jerry, la serie de Richie Ricón y otras series animadas más, al igual que algunos programas peruanos como Patacláun (unos payasos que vivían en una casa. Recuerdo bien que tres de ellos eran fantasmas), y Laura en América. Sí, así como lo oyen. Yo crecí con la señorita Laura. Después del colegio, llegaba a verla. Ese programa era mejor que cualquier película de acción jajajaja.

Pero cuando mi abuela puso el cable (ella vivía en el apartamento de al lado), empezó un nuevo mundo. Pasaba casi todo el día donde ella, viendo esa infinidad de programas maravillosos y nuevos para mí que transmitían en los canales infantiles: Fox Kids, Nickelodeon, Cartoon Network (este último lo conocía de antes, porque donde vivía había un espacio desde las 12 a.m. hasta las 9 p.m. en el que se podía ver). En Fox Kids pasaban, pues, esa serie fantástica llamada Escalofríos. Me encantó porque iba en la misma línea que Le temes a la oscuridad, serie que veía diariamente en un canal colombiano que existió cuando aún no habían canales privados, llamado Canal A. Gracias a él, disfrutaba de pelis de terror y acción, vi la serie de IT (aunque en el canal le llamaban «La cosa»), que traumatizó a todos los que crecieron en los 90’s, y muchas más.

El intro de la serie me encantaba: salía el tipo con sombrero y gabardina, todo misterioso, con un portafolio que decía R. L. Stine, del que surgía la G de Goosebumps (título original de la franquicia), y recorría como una sombra toda la ciudad, desfigurando la realidad. AMABA ESA MÚSICA, y donde quiera que yo estaba, tarareaba el ritmo, hasta el cuidado espectador, usted está a puto de pasar un susto… Escalofríos. La voz de ultratumba era el perfecto comienzo para una historia novedosa, cada sábado, una tras otra. Recuerdo bien que los sábados eran tres o cuatro historias seguidas. El R. L. Stine del portafolio era un enigma todavía, aunque era lo de menos.

Pero el misterio se solucionó una tarde en la que mi mamá me llevó a un centro comercial que se llama Cosmocentro, en el que una de sus entradas está invadida por el olor de las palomitas de maíz de colores. Es un olor dulzón delicioso que aún permanece, después de tantos años, y cada vez que lo huelo cuando voy a ese lugar me transporta a mi infancia de inmediato.

En el centro comercial había un supermercado que se llama La 14, que es una cadena de supermercados muy popular en Cali. Bajamos al sótano, donde estaba ubicada la papelería y la juguetería (ese lugar también tiene un aroma particular que me fascina, tan poderoso como el de las palomitas de colores), porque, si no recuerdo mal, necesitaba algo para el colegio. En fin, dejé a mi mamá y me dirigí a donde estaban los libros, que no era una sección muy grande que digamos. Sólo ocupaba dos estantes de la góndola. Allí, en uno de esos, fue que vi los lomos multicolores que decían Escalofríos con una letra tétrica, y descubrí, maravillado, que R. L. Stine era el genio detrás de esas historias. No me aguanté la curiosidad y, sin que nadie me pillara, me subí a uno de los estantes inferiores para poder estirarme y llegar a los libros. Recuerdo bien que los primeros que agarré fueron Problemas profundos, con un tiburón martillo asechando a un bañista desprevenido, y Sangre de monstruo, con una lima verde escurriéndose por las escaleras.

Inspeccioné el interior esperando ver algún dibujo, pero nada. Era la primera vez que sentía enormes ganas por leer algo sin dibujitos, aunque las maravillosas ilustraciones de las portadas eran suficiente.

Mi mamá me encontró minutos después viendo embelesado esos libros y me ofreció comprarme uno. Ella era inocente. Ignoraba que esa primera compra sería una obsesión por los libros y el terror que se desarrollaría con el paso del tiempo. Yo le dije que eran los libros del programa que veía a diario y le mostré los dos que tenía en la mano.

—¿Cuál te querés llevar —me preguntó y quise verlos todos—. Sólo uno.

Ella me cargó y comencé a recorrer con la mirada los títulos tan intrigantes, hasta que me detuve en uno. Era de color morado, con el dibujo de un fantasma descendiendo las escaleras de una vieja casa, CON SU CABEZA EN LAS MANOS!!!! Había decidido, pues, llevarme El fantasma sin cabeza, el número 36 de la colección. En esa época eran baratos, sólo siete mil pesos, ahora cada uno cuesta el doble.

Estaba extasiado con mi librito sin dibujos. No pude soportar verlo en la bolsa, así que, cuando salimos del supermercado y nos sentamos a ver un show de magia que se estaba realizando en la plazoleta del centro comercial, le quité la bolsa a mi mamá y lo saqué. No lo comencé a leer en ese momento porque los trucos de magia estaban geniales, pero tenerlo en mis manos era lo máximo.

Yo le atribuyo a esos libritos mi pasión por la lectura, sobre todo la de terror. Después de esa primera compra, cada vez que iba a Cosmocentro, debía llevarme al menos uno. Mi tío descubrió mi nueva pasión y eventualmente me daba algún dinero para que comprara más. Así fue que, por primera vez, yo era el que pedía ir para hacer mis compras.

—Mamá, quiero ir a Cosmocentro. Tengo plata para comprar libros.

La colección fue creciendo de atrás para adelante. Cada vez me maravillaba más con las historias. Me sentía estupendamente leyendo literatura «seria», nada de niñerías con dibujitos. Esto era otro nivel. Cuando decidí comenzar a comprarlos en orden, desde el número 2 (nunca vi el 1), tuve la oportunidad de ver las historias en la TV, y fue allí donde descubrí que las adaptaciones no superan nunca a los libros. Algunas veces los leía antes de ver el episodio, otros que compraba ya los había visto anteriormente en la pantalla, pero curiosamente, hasta este día, nunca pude ver en la televisión la adaptación de los primeros libros que leí (El fantasma sin cabeza, El fantasma que ladra, Sangre de mostruo III), y es algo que agradezco mucho, porque deseo preservar las historias tal como las imaginé.

Un día que fui para comprar más, todos los ejemplares que habían en la papelería de La 14 habían desaparecido. Mi mamá preguntó, pero nadie le supo dar razón. Me fui triste. Fue poco tiempo después cuando me mudé para Bogotá. Los libros quedaron guardados en una caja que almacenamos en la finca de mi abuela. No supe de ellos hasta varios años después, en unas vacaciones del colegio, cuando le pedí a mi mamá que destapara aquella caja. Allí estaban, en buen estado, aunque todos con las ojas cafés en los bordes. El fantasma sin cabeza era el más trajinado de todos porque había sido el que llevaba a todos lados, pero se encontraba perfectamente. Saqué la pequeña colección que pude armar de niño, observé de nuevo las carátulas y me los traje para Bogotá. Son libros que quiero mucho y que están por encima de cualquier otro que haya en mi biblioteca.

Hace poco leí uno que me faltaba por leer: El fantasma de al lado. Obviamente pude notar el tono infantil que tenía, lo cortos que eran en realidad y el tamaño de la letra. El cambio de perspectiva fue radical. De todos modos me lo leí en un día y, a pesar de que van dirigidos para un público infantil, lo disfruté y noté que sus historias están bastante bien. Si aquellas ideas hubieran sido empleadas para una literatura de mayores, estoy seguro que habrían funcionado a la perfección. Pero me parece que así como fueron concebidas están perfectas.

Escalofríos, entonces, se conforma de 60 títulos, publicados desde 1992 hasta el último, Sangre de mostruo IV, en 1999, con las más variopintas historias ambientadas siempre en campamentos o los típicos suburbios en los que las noches de Halloween son tan encantadoras. Algunas son muy flojas, muy amables (sí, ya sé que son para niños) pero hay otras maravillosas, como aquella en que la niña compraba una máscara y se le quedaba pegada y poco a poco adquiría la personalidad de ésta. ¡Es una historia fantástica! Y a pesar de su naturaleza infantil, me sigue gustando. Fue una de las que más me asustó, así como El fantasma sin cabeza. En Abandomoviez, una página enfocada en el terror, CF y demás, algunos comentaban que habían leído los libros y les parecieron malos, aburridos, flojos, muy infantiles. Pues les diré algo, imbéciles: ES LITERATURA INFANTIL. Si vas a leerlos por primera vez, y eres un tipo grande, debes saber que vas a leer algo que no está dirigido a ti, así que no tienes porqué culpar a los libros, ni a R. L. Stine, debes culparte a ti mismo por tu falta de observación y objetividad.

Y así los leyera un tipo grande, alguien que sepa apreciar la literatura de terror sabría reconocer la calidad imaginativa de alguna de las historias que son, en realidad, muy originales.

Esos comentarios son algo que me sacan de quicio. Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen.

De todas maneras, creo que son una gran alternativa para los niños que deseen comenzar a leer. Son muy entretenidos, aunque no será lo mismo leerlos sin poder ver esa serie maravillosa que ahora está fuera del aire. Son unos libritos muy bonitos, con unas ilustraciones fantásticas, entre lo serio y lo caricaturesco, de la mano de T. Jacobus. Y como no, resultado de la creatividad alucinante de Robert Lawrence Stine, que ha dedicado sus letras a los niños, convirtiéndose en la causa de sus pesadillas. El reconocimiento que se ha ganado es bien merecido: obtuvo un Guinness Record por sus ventas, que han sido más de 300 millones en todo el mundo. Estos libritos se han traducido a 32 idiomas y han sido el comienzo de los pequeños en el mundo de la lectura, un mérito más importante aun que cualquier galardón. Y sólo bastaron los comentarios de un chico a otro, en las escuela o en el parque, para que Escalofríos fuera tan exitoso. ¿Son buenos o malos? Con tantas opiniones dispares, es preferible que cada quien lo descubra. Lo que para mí los hace significativos y emotivos es la experiencia y el efecto que causaron. Es por eso que no incluyo esta entrada en la sección de Lecturas de sanitario.

Hace algunos años regresé a Cali, bajé a la papelería y fui a la góndola en la que antes estaban ubicados los libros. Me dio algo de nostalgia, porque me encantaba ir allá y disfrutar de la indecisión de no saber cuál llevarme a casa.

Ahora, mi pequeña colección está en la biblioteca, aguardando a ser completada, con sus hojas que alguna vez fueron blancas. Y me arrepiento de haber prestado uno, El ataque del mutante (posible causa de una pasión por los cómics que ha quedado atrás paulatinamente), y que nunca me devolvieron. Hubiera preferido perder un libro de Stephen King a perder uno de Escalofríos. Ahora estoy dispuesto a buscar y comprar los que me faltan. He visto algunas librerías que los venden baratos y estoy ahorrando para traerme los que más pueda a mi casa. Creo que así podría terminar con lo que comencé esa tarde en La 14, con el delicioso y singular olor a papelería y palomitas de colores.

Léase a plena noche

Aquí yacen aquellas historias en las que habita la oscuridad y que solo deben ser conocidas aplena noche .

11 comentarios:

  1. Recuerdo que leía esos libros de pequeño. Tengo sólo seis. Algunos se me perdieron. Me encantaba R. L. Stine, aunque solo he leído los de Escalofríos. Tengo entendido que tiene mas, pero nunca les he echado una mirada.

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  2. Uauuuuuuuuuu!!! :O

    Espectacular entrada, Mauro, te pasaste!!! ;D

    He disfrutado tu "relato-entrada" como un enano. Y es que yo también leí en su momento unos 4 o 5 de esos libros y me encantaron. Eran realmente geniales. Ahora me sorprende es que no recuerdo quién me los prestó. No creo que fueran de la biblioteca, y nunca tuve uno, así que alguien me los prestó, pero no recuerdo quién...

    Aparte de lo maravillosos que eran y la forma en que marcaron nuestras primeras lecturas, leer esta entrada ha despertado mi curiosidad y mi vena coleccionista. ¿Cuántos números eran? ¿En qué periodo se publicaron? Etc... Creo que incluso me pareció ver una reedición o un refrito de otro autor con un nombre parecido, no sé...

    El caso es que he visto algunos por ahí en las librerías de segunda mano y se me ocurre que no estaría mal comprar alguno y revivir esas lecturas... :)

    Saludos!

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  3. Ahora que hiciste que me picara el bicho, acabo de fijarme en mi Libreta Sagrada y en efecto los que leí fueron 5:

    - El Fantasma de al lado
    - El Fantasma que ladra
    - El Campo de las Pesadillas
    - ¡Aléjate del sótano!
    - El Ataque del Mutante

    :)

    PD: ¿Quién me prestó esos libros, demonios? :/

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  4. George, parece que ninguno pudo escapar de las garras de Escalofríos jajajaja.
    Son 60 títulos, publicados desde 1990 hasta 1999 (un detalle que se me escapó jajaja. Ya lo incluí en la entrada, pero shhhh ;))
    Refritos hay un montón, como aquellos libros que se llaman "Fantasville", pero nada como estos.

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  5. Que excelente. Debo decir que no soy un gran fan de escalofríos, y que tarde vi la serie televisiba, creo, comence a alrededor de los 10 o 9 años, algo asi, y de antes, si fui fanatico de Le temes a la oscuridad. Y sin embargo, le tengo un gran cariño a aquellas series que efectivamente, eran de mis cosas favoritas para mirar por tv, asi como lo eran las peliculas basadas en novelas de king (cosa q nunca supe hasta mis 18 años) y las de John Carpenter.
    Un mundo, por mucho q muchos le odien, magicamente americano. Suburbios amplios, temporadas de brujas, situaciones que sinceramente solo ahi podian ser ambientadas.
    Excelente homenaje.
    Redactas y narras de maravilla, es por eso que me he leido todo, sin importar las nauseas que me provoco mirarlo todo con fondo negro mientras me comia unos hot dogs.
    Felicidades, me ha encantado encontrar tu blog.

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  6. Me ha encantado esto. Debo admitir que no era fanatico de Escalofrios, asi como de le temes a la oscuridad. Me encontre con Escalofrios ya algo más grande, alrededor de los 10 años, y sin embargo, si era entusiasta de su serie televisiba.
    De mis cosas preferidas a mirar por tv, junto con las películas que pasaban los sabados (cementerio de mascotas, Halloween, la noche de los muertos vivientes,etc...)todas adaptacones de King, o creaciones de Carpenter, claro que yo de eso no sabia entonces sino hasta mis 18 años.
    Y todo aquello tenía una atmosfera similar, y maravillosa. Siempre pueblos pequeños de los estados unidos, suburbios amplios, con ambientes frios y otoñales, cosas que por mucho que muchos odien los estados unidos, solo podrian haberse ambientado alla.
    Eres excelente narrando y redactando, me lo he leido todo por eso, aun cuando comence a sentir nauseas de leer todo con ese fondo negro mientras me comia un Hot Dog. Si bien no me leí ningun libro de Escalofrios entonces, me hizo recordar aquellas sensaciones y fascinacion grandiosa e infantil por el terror. Por pensar en "donde pasaran todos esas cosas, debe ser genial estar ahi" sabiendo que eran ficción, pero no creyendolo del todo.
    Felicidades.

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  7. Gracias Ax, por comentar y leer la entrada a pesar de las náuseas XD
    Es verdad eso que dices de los suburbios. Esas historias sólo eran posibles en escenarios como aquellos. No sé tú, pero a mí me causa cierta fascinación el Halloween en esas calles llenas de niños dsfrazados. Es un ambiente que me encanta, aunque sólo lo haya vivido a través de los libros y el cine. Sin embargo, hay algo mágico en el, y quizá se deba a que el terror se vive como algo más que un simple capricho de las mentes infantiles.
    Me alegra que te haya gustado el blog. Ya nos veremos por acá en otras ocaciones.
    ¡Bienvenido!

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  8. Hola, que tal? En que libreria los compras? Saludos

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    1. Acá en Bogotá, muchas librerías de usado del centro venden estos libros. Casi nunca los tienen exhibidos, pero solo es que preguntes por ellos. Los que los preguntan y los compran siempre son nostálgicos de la serie como yo.

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  9. Super. Yo tenía muchísimos. De los que publicó normal sólo me faltó mi mas terrible aventura (la del conejo en el sombrero e mago). ¡Qué recuerdos! Si hay un autor que me da nostalgia es R.L. Stine. Yo empecé a leer con él.

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  10. Este agosto hizo un año que desmonté la biblioteca que tenía en la casa de mi padre. Decidí donar los libros a la biblioteca pública de allí. Casualmente tenían una especie de feria del libro en el que por cada dos libros que donases te podías llevar uno de los libros que otra gente hubiese donado. Pues bien, yo me llevé todos los libros de Pesadillas que había, para mi niña que acababa de aprender a leer. Y aqui los tengo eperando a que sea lo suficientemente grande para leerlos, cosa que ya va ocurriendo. Yo me los he leido previamente, estan muy bien, siempre que te des cuenta que es literatura infantojuvenil y no un libro de King.

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